María nos enseña y edifica con su fe, fortaleza, fidelidad, generosidad y desprendimiento total

Fiesta de la Presentación del Señor, Fiesta Patronal Nuestra Señora de la Candelaria, Venecia.

Domingo 2 de febrero de 2025.

Damos gracias a Dios por estar congregados en esta solemne celebración de la Fiesta de la Presentación del Señor, y, al mismo tiempo, en la Fiesta Patronal de esta comunidad de Venecia en honor de Nuestra Señora de la Candelaria. La fiesta patronal es un momento de gracia y bendición para la comunidad, un momento de paso de Dios entre nosotros y una oportunidad para renovarnos en la fe y en nuestro compromiso con la Iglesia. Agradezco la invitación del P. Paco, del P. Joel y del P. Ronald. Reconozco y valoro altamente todo cuanto hacen pastoralmente en favor de la comunidad parroquial como frailes agustinos y sacerdotes.

Después de 40 días de su nacimiento, Jesús es presentado por sus padres, María y José, para cumplir con la ley del Señor, en recuerdo del rescate y liberación de los primogénitos de Israel en Egipto. Por ello, había que ofrecer y dedicar al Señor los primogénitos y Cristo, el Hijo de Dios, el Unigénito del Padre, semejante a nosotros en todo menos en el pecado, también fue presentado y ofrecido en el Templo, ya que participó de nuestra carne y sangre para salvarnos como sumo sacerdote misericordioso, como decía el autor de la carta a los hebreos en la segunda lectura.

La escena de la presentación, cumple las palabras del profeta Malaquías, en la primera lectura, en el sentido de que un mensajero de Dios entrará en el santuario como mensajero de la alianza. Jesús es presentado y ofrecido en el Templo como el mensajero y Mesías que viene a llevar a plenitud la nueva alianza con el ofrecimiento de su misma vida para salvación y redención del mundo. El mensajero es presentado en el santuario y se cumplen las promesas de la antigua alianza de que Dios salvaría a su pueblo por medio del Mesías prometido.

Por ello, el pasaje del evangelio de Lucas, que nos narra el momento de la presentación y ofrecimiento de Jesús en el Templo, expresa todo un ambiente de gratitud y alabanza porque se cumplen las promesas hechas desde antiguo. Simeón y Ana, ancianos y justos de Israel, reconocen en Jesús la presencia del Mesías esperado, reconocen en la fe al Salvador y por ello alaban y dan gracias a Dios porque es siempre fiel y porque su misericordia es eterna. Simeón exclama que, en el Niño presentado y ofrecido en el Templo, Dios ha visitado y redimido a su pueblo, nos ha dado una fuerza de salvación y ha realizado la misericordia que tuvo con los antiguos padres. Pero, sobre todo, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado el Sol que nace de lo alto, luz para todas la naciones y gloria de Israel.

Al mismo tiempo, junto al gozo y la gratitud, se anuncia que el Niño presentado y ofrecido será signo de contradicción para muchos y que, a María, su madre, una espada le atravesará el alma, aludiendo a la muerte y al ofrecimiento total de Cristo en la cruz.

Esta fiesta cristológica y mariana nos invita a actitudes de fe muy concretas, importantes y necesarias que hemos de traducir en testimonio de vida. Ellas son, para que las llevemos en nuestra vida y experiencia de fe: ofrecernos siempre y en todo al Señor, dejarnos iluminar por el Señor como la Luz del Mundo, reconocer siempre al Señor en nuestra vida como nuestro Mesías y Salvador, confiarnos a la fidelidad de Dios que siempre cumple sus promesas, ser nosotros también fieles al Señor que siempre nos guía y acompaña con su amor y misericordia.

Hermanos, estamos llamados a aprender de la actitud de fe de María. Ella presenta y ofrece a Jesús, sabe muy bien que lo entrega totalmente ahora, pero, sobre todo después. Lo dará y entregará totalmente al pie de la cruz, entrega y ofrecimiento hasta la muerte por la salvación del mundo. María nos enseña y edifica con su fe, fortaleza, fidelidad, generosidad y desprendimiento total. Todo esto es fruto del ofrecimiento y entrega absoluta de su vida a Dios.

La advocación de la Virgen de la Candelaria toma su nombre de la fiesta de la Candelaria o de la Luz, que tuvo su origen en el Oriente con el nombre del “Encuentro”, y después se extendió al Occidente en el siglo VI, y llegó a celebrarse en Roma con un carácter penitencial. En Jerusalén se celebraba una procesión con velas encendidas hasta la Basílica de la Resurrección (Santo Sepulcro). La iconografía de la Virgen de la Candelaria se basa en este pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo.

Su fiesta se celebra, según el calendario o santoral católico, como hoy, el 2 de febrero, después de que el papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, las fiestas lupercales, consideradas una celebración pagana, y la sustituyó por la fiesta de la presentación, en recuerdo del pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María.

La Fiesta de la Candelaria se conoce y se celebra con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva la advocación de la Virgen de la “Candelaria”.

Siglos después, en torno al año 1392 o 1400, una imagen de la Virgen María que representaba esta advocación, fue encontrada a la orilla del mar por dos pastores guanches de la isla canaria de Tenerife, España. En 1526, se construyó el primer templo de la Candelaria junto a la cueva en donde fue venerada originalmente. A partir de aquí, la Fiesta de la Candelaria asume un carácter mariano en torno al relato de la aparición de esa imagen a aquellos guanches.

Desde las Islas Canarias el culto a la Virgen de la Candelaria se ha extendido a través de los siglos por diferentes ciudades y países sobre todo en Latinoamérica, donde ha adoptado rasgos de las diferentes naciones donde se encuentra un templo suyo.

Hermanos, Jesús, que fue presentado y ofrecido en el Templo un día como hoy, se sigue entregando a nosotros en la ofrenda de la Eucaristía. Entrega y nos ofrece su cuerpo y su sangre para alimentarnos y fortalecernos, para dejarnos iluminar siempre por Él, para ofrecer también toda nuestra vida a Dios y, a semejanza de María, vivir siempre en la presencia del amor y de la misericordia de Dios. Que la celebración de esta fiesta atraiga la abundancia de las bendiciones de Dios sobre esta comunidad parroquial, a través de la poderosa y eficaz intercesión de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Candelaria. Así sea. Amén.

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