Monseñor Garita: amar y servir es el alma de nuestra fe

En su mensaje dominical el Obispo de Ciudad Quesada nos llama a dar testimonio en el amor a Dios y al prójimo.

La centralidad del amor debe dirigirse en dos direcciones: a Dios y al prójimo. “Esta es la esencia, el resumen y el alma de nuestra fe; fe es amar y hacer el bien; es vida y testimonio”, dijo Monseñor José Manuel Garita Herrera, en la Eucaristía de las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.

Aludiendo a la Primera Lectura del Deuteronomio, se da la confesión de fe de Israel y se presentan los mandamientos que son expresión de la voluntad de Dios.

Debemos entender, dijo el Obispo de Ciudad Quesada, que “El Señor, nuestro Dios, es el único Señor” y que “esta verdad debe traducirse en la capacidad de amar a Dios primordialmente como el único, en medio del ateísmo y del politeísmo práctico que nos esclaviza y enloquece. Nadie puede adorar a dos dioses. El creyente que de verdad ama a Dios no puede tener el corazón dividido ni mucho menos otros ‘dioses’”.

El mandamiento: amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas, es precisamente la fe que reconoce la fidelidad y la cercanía de Dios, por ello, “hay que amarlo ante todo y sobre todo”, agregó Monseñor Garita.

A la luz del Evangelio, Jesús complementa el mandamiento primero y supremo en el diálogo con el escriba y se concretiza, visibiliza y practica en el amor al prójimo.

“Este mandamiento se pone en práctica con el que está al lado, con el que sufre, con el que es diferente, con el necesitado, con el que me ha hecho mal; amar es salir de sí mismo para ir al encuentro de Dios y del hermano”, agregó en este XXXI Domingo del Tiempo Ordinario.

“Amar a Dios y a los hermanos es algo inseparable, no se puede dar un mandamiento sin el otro”, destacó el prelado.

Monseñor Garita también hizo referencia a la Segunda Lectura de la Carta a los Hebreos en el cual el sumo sacerdote se ofreció a sí mismo, por amor, para perdonar los pecados.

“Recordemos lo que decía San Juan, ‘no amemos de palabra ni con los labios, sino con obras y de verdad”, finalizó el Obispo de Ciudad Quesada su mensaje dominical.

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