“Jesús sigue haciendo presente el Reino de Dios con palabras y gestos, quiere sanar, renovar y salvar. Para que ello se realice es necesario de nuestra parte abrir los oídos y la boca, pero, sobre todo el corazón, abrir toda nuestra vida a Dios”.
Este fue el eje central del mensaje dominical de Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, en la Misa de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, este domingo 8 de setiembre.
Insistió el prelado que “no debemos cerrarnos en nosotros mismos, menos en el mundo y sus cosas”. No debemos cerrarnos, manifestó, “cuando muchos en este mundo no escuchan a Dios o creen que es ‘muy exigente'”.
Con una palabra “Effetá” (que significa “ábrete”) Jesús trae la sanación, renovación y salvación; el Señor nos abre a él, a su amor y misericordia. “Nos abre de nuestras cerrazones, cerrazones del pecado, indiferencia, autosuficiencia, egoísmo o creer que podemos por nosotros mismos”, dijo Monseñor Garita.
Tal cual se revela en la Primera Lectura de Isaías “se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará”.
Estas, dijo Monseñor Garita, son imágenes que presentan “un espléndido paisaje que refleja la gloria del Señor y la transformación mesiánica que anuncia: los ciegos, sordos, cojos y mudos alcanzarán de Dios la sanación que siempre han esperado. Esa sanación y curación es signo y anuncio de la salvación definitiva de todo mal que vendrá con Jesús, Mesías, Redentor y Salvador”.
En la homilía resaltó -de la Segunda Lectura de Santiago- que es necesario escuchar la Palabra de Dios y no hacer discriminación de personas para que venga la salud, la renovación y la salvación. “Sólo el amor sana, renueva y salva”.
A la luz del Evangelio de San Marcos, el pastor diocesano resaltó que en Jesús es importantísimo el lenguaje de los gestos y algunos detalles aleccionadores.
Así como otros son los que llevan al enfermo a Jesús y suplican su curación, nuestra misión “es llevar a los demás al Señor, interceder por sus necesidades, tener compasión y solidaridad. Nunca alejar ni menos escandalizar”.
“Jesús aparta de la gente al sordomudo. La discreción de Jesús revela su poder. Él es la Palabra de Dios que puede capacitar a los discapacitados para oír su mensaje”, expresó Monseñor Garita.
“Jesús mete sus dedos en los oídos del sordo y con la saliva le toca la lengua, es una nueva creación (como en el Génesis, se pasa del barro de la tierra)… Jesús recrea, renueva y salva a aquel hombre y lo hace con nosotros también”.
El Obispo de Ciudad Quesada resaltó que “muchos hoy creen y piensan que pueden vivir por sí mismos, con lo que son y con lo que tienen, y peor, como si Dios no existiera. Muchos no escuchan a Jesús. Hay una sociedad que se cierra a Dios”.
Aludiendo a una expresión de San Gregorio Magno, quien decía que los cristianos no pueden ser “perros mudos”, Monseñor Garita sentenció que “es triste y preocupante que no pocos católicos se hacen sordos y mudos a la Palabra de Dios y a la enseñanza de la Iglesia en la función pública”.
“Muchos católicos se hacen sordos y mudos en el campo de la salud o de las leyes, en el campo de distintas profesiones a nivel privado, en el campo de la administración… Se hacen sordos y también mudos no siendo capaces de proclamar los valores y principios de su fe y de la vida cristiana… Esto preocupa y es incoherencia testimonial”, advirtió.
“Señor Jesús, tú sabes bien que esta sociedad cerrada, sorda y muda te rechaza a ti y rechaza tu palabra. A todos nos resulta difícil escuchar tu voz entre el bullicio, la dispersión y la indiferencia. Abre nuestro oído para que aceptemos tu mensaje. Y suelta nuestra lengua para que podamos anunciar y proclamar el gozo del evangelio”, finalizó Monseñor Garita en este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario.
