¿Quién es Jesús de Nazaret? ¿Qué significa, qué impacto y trascendencia tiene su persona, qué se dice de él hoy? ¿Qué decimos nosotros de él? ¿Qué implicaciones tiene para nosotros su persona, mensaje y propuesta de vida?
Estas fueron parte de las preguntas que realizó Monseñor José Manuel Garita Herrera en su homilía de este XXIV Domingo del Tiempo Ordinario.
A la luz del Evangelio, es Jesús quien pregunta a sus discípulos, ¿quién dice la gente que es él? Y, luego les pregunta directamente a ellos, ¿quién es?
Aunque algunos dicen que Jesús es uno de los profetas o Juan Bautista o Elías, es Pedro quien confiesa que Jesús “es el Mesías”. Lo que pasa es que el mesianismo de Jesús anuncia “pasión y muerte”, es un “Mesías sufriente, aparentemente débil y fracasado”, expuso Monseñor Garita.
Pocos ven que Jesús es “Salvador y Redentor; el sufrimiento y el dolor son un misterio desde Dios que tiene sentido salvífico. Para el mundo, sufrir y padecer es un escándalo, el poder y el éxito se relaciona con influencia, con triunfo inmediato”.
“Jesús es Hijo de Dios, no es simplemente un hombre extraordinario o peor aún un hombre cualquiera; para nosotros es Dios. Sólo en él encontramos respuesta, vida y salvación. Ningún hombre, ninguna propuesta del mundo puede dar vida eterna ni salvar. Creer en Jesús no es sólo confesarlo con los labios como Mesías, sino llevar a la práctica las exigencias de la fe; una fe que se manifiesta en obras”, expuso en su mensaje dominical en la Catedral de Ciudad Quesada, en la Eucaristía de las 8:00 a.m.
El prelado explicó que Jesús nos pide negarnos a nosotros mismos, cargar nuestra cruz y seguirlo.
“Negarse a uno mismo es vencer el egoísmo y el individualismo; cargar la cruz es sacrificio, tener valentía y grandeza de corazón, nosotros creemos en la fuerza de la cruz. El mundo es enemigo de la cruz de Cristo… Seguir al Señor es aceptar su persona y enseñanza; asumir su propuesta de vida y su estilo de pasar por la prueba, el sufrimiento e incluso la muerte”, agregó.
El Obispo de Ciudad Quesada reflexionó que la tentación del mundo e incluso a lo interno de la Iglesia es despojar a Jesús de su verdadera identidad y de sus exigencias radicales. “La tentación es acomodarlo a los criterios facilones del mundo, suavizarlo, crearse un falso romanticismo de Jesús, tener el sufrimiento y la prueba lo más lejos posible, anhelo de vivir más, no tener enfermedad, negar la muerte…”, comentó Monseñor Garita.
Al celebrarse este 15 de setiembre, 203 años de vida independiente en Costa Rica, Monseñor pidió por la paz, democracia, justicia y libertad.
“Pero ante todo pedimos libertad y disposición interior (lejos de toda esclavitud) para seguir a Jesús como nuestro Dios, Señor y Mesías; para cargar con amor, fidelidad y grandeza de corazón la cruz todos los días, sea cual sea”, finalizó.
