“El Nuevo Año Litúrgico nos hace experimentar la presencia amorosa y salvadora de Dios en nuestro camino, vida e historia; siempre va a nuestro encuentro y está a nuestro lado”.
De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera inició su homilía en la celebración eucarística de este I Domingo de Adviento, en la Catedral de Ciudad Quesada, a las 8:00 a.m.
El nuevo año inicia con el Tiempo de Adviento, que significa venida, advenimiento, llegada del Señor. “Es también deseo y esperanza de la llegada de Aquel que es nuestra ansia y necesidad de salvación”, agregó.
Este Adviento -como tiempo de esperanza y vigilancia- antecede inmediatamente al Jubileo de la Esperanza 2025. “Necesitamos tanta esperanza en medio de problemas, sufrimientos, pruebas, dificultades, desencantos, injusticia, violencia y signos de muerte”, comentó el obispo, en su mensaje dominical.
El Adviento nos presenta y prepara para dos venidas del Señor Jesús: según la carne en su nacimiento y para la venida definitiva.
“El Señor viene y vendrá; esperamos al Dios que viene, salva, renueva y transforma esta historia que tanto hemos dañado y desvirtuado nosotros los hombres”, dijo Monseñor Garita.
La Palabra de Dios es anuncio y promesa del Señor que viene. Monseñor recapituló que la Primera Lectura del Libro de Jeremías vislumbra y anuncia la llegada de un rey y pastor diferente a los que han sido infieles, que traerá la justicia y el derecho.
“La obra de renovación, justicia y derecho solamente la podrá realizar el Mesías esperado; sólo Dios podrá salvar y liberar”.
Del Evangelio de san Lucas comentó que trae anuncio y esperanza de la segunda venida al final de los tiempos. “El Mesías esperado que nació, murió y resucitó por nuestra salvación vendrá con gloria y majestad al final de la historia y al final de la vida de cada uno de nosotros”.
“Con la venida del Señor tenemos la esperanza de que se derrumbe un mundo viejo marcado por el mal; y abrigamos la esperanza de un mundo nuevo liberado de la esclavitud del pecado, en el que la gloria de Dios y de Cristo será absoluta, sin amenaza de mal alguno”, afirmó en su discurso homilético.
El Tiempo de Adviento es corto, señaló el prelado, de ahí que exhortó a aprovechar este regalo, a vivirlo espiritualmente enfocado en el Señor, lejos “de tanta dispersión y desenfoque por la fiesta humana-social, el consumo, el espíritu mundano, pagano y anticristiano de muchas celebraciones”.
“Reconozcamos que necesitamos del Señor que viene, sólo en Él encontramos respuesta, esperanza, renovación y salvación”, expresó.
“Que la Eucaristía nos ayude a avivar nuestra fe en la presencia del Señor en nuestras vidas y en su venida gloriosa al final de los tiempos. Nos ayude a levantar la cabeza, a velar y a orar, a esperar y recibir al Señor que viene a salvarnos, diciendo desde lo más hondo: ‘Maranathá’, ven, Señor Jesús. Amén”, finalizó.
