San Vicente de Paúl, Filial de San Vicente, Parroquia San Martín, 4:00 p.m.
Viernes 27 de setiembre de 2024.
Doy gracias al Señor por estar un año más entre ustedes, y le pido fervientemente que esta fiesta en honor de San Vicente de Paúl, patrono de esta comunidad, traiga muchos frutos para todos ustedes, especialmente una verdadera renovación en la fe y un crecimiento del compromiso apostólico con la Iglesia, la parroquia y esta comunidad.
Como decía la primera lectura del libro de Qohelet, Dios nos da tiempo para todo, y San Vicente, a quien hoy recordamos, entendió y aprovechó muy bien esta lección de vida para hacer mucho bien, sobre todo con los pobres y necesitados. Asimismo, como santo de Dios y de la Iglesia, supo dar testimonio del Señor Jesús como el Mesías de Dios, como nos decía el evangelio de San Lucas que escuchamos. Dar testimonio, crecer en santidad, servir y dar la vida marcaron la vida de este santo que tuvo distintas etapas en su experiencia de fe y de santificación, a las que fue respondiendo con fidelidad y generosidad. Su identificación con los más necesitados y su misión de formar al clero, hacen de Vicente de Paúl un santo muy conocido y querido de parte de nuestras gentes.
Vicente significa “vencedor, victorioso”. San Vicente nació en Francia, el 24 de abril de 1580. Su niñez la pasó en el campo, ayudando a sus padres en el pastoreo de las ovejas. Desde muy pequeño era sumamente generoso en ayudar a los pobres. Los papás lo enviaron a estudiar con los padres franciscanos y luego en la Universidad de Toulouse, y a los 20 años, en 1600 fue ordenado de sacerdote. Decía el santo que al principio de su sacerdocio lo único que le interesaba era hacer una carrera brillante, pero Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes.
1.- El Cautiverio: viajando por el mar, cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como esclavo a Túnez donde estuvo tres años en continuos sufrimientos.
2.- Logró huir del cautiverio y llegar a Francia, y allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se le perdieron 400 monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo acusándolo de ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y solamente respondía: “Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero”. A los seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la verdad. San Vicente al narrar más tarde este caso a sus discípulos les decía: “Es muy provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que tome nuestra defensa”.
3.- La tercera prueba fue una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma “la noche oscura”. Por ello, cayó a los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente a la caridad para con los necesitados, y es entonces cuando empieza su verdadera historia gloriosa.
Hace voto o juramento de dedicar toda su vida a socorrer a los necesitados, y en adelante ya no pensará sino en los pobres. Se consiguió un grupo de sacerdotes amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos y veredas con gran éxito. Las gentes acudían por centenares y miles a escuchar los sermones y se confesaban y enmendaban su vida. De ahí le vino la idea de fundar su Comunidad de Padres Vicentinos, en 1625, o Congregación de la Misión, que se dedican a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas.
El santo fundaba en todas partes a donde llegaba unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres. Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba unas religiosas que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente bien dotada de cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac, con ella fundó a las Hermanas Vicentinas o de la Caridad. San Vicente poseía una gran cualidad para lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres. Reunía a las señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta convicción acerca de la necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria.
Parece casi imposible que un solo hombre haya podido repartir tantas, y tan grandes limosnas, en tantos sitios, y a tan diversas clases de gentes necesitadas, como lo logró San Vicente de Paúl. Había hecho juramento de dedicar toda su vida a los más miserables y lo fue cumpliendo día por día con generosidad heroica, por ello fundó varios hospitales y asilos para huérfanos. Decía que a los pobres había que servirlos como a señores, y que era preciso dejar lo que fuera para servirlos, incluso la oración.
Por otra parte, se dio cuenta de que la causa principal del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes no estaban bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer a un pueblo es dale un sacerdote santo. Por eso empezó a reunir a quienes se preparaban al sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran sacerdotes, los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los deberes del sacerdocio. Luego con los religiosos fundados por él, fue organizando seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de manera que llegaran a ser sacerdotes santos, fervorosos y bien formados.
En sus últimos años su salud estaba muy deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas y numerosas obras de caridad. Lo que más le conmovía era que la gente no amaba a Dios. Exclamaba: “No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también”. El 27 de septiembre de 1660 murió para recibir el premio prometido por Dios a quienes se dedican a amar y hacer el bien a los demás; tenía 80 años. El Papa León XIII proclamó a este sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.
Pidamos al Señor en esta Eucaristía la gracia de vivir y testimoniar la caridad con todos nuestros hermanos, especialmente con los más pobres, necesitados y olvidados como lo hizo San Vicente. También, pidamos por la formación y la santificación de los sacerdotes por quienes también San Vicente dedicó su vida y ministerio. Que así sea, amén. ¡San Vicente de Paúl! Ruega por nosotros.
