Nos toca ser reflejo y testimonio de la luz de Dios

Celebración patronal en honor de Nuestra Señora de la Candelaria, Fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, Parroquia de Venecia, viernes 2 de febrero de 2024.

Por gracia y bondad suya, me permite el Señor compartir un año más con ustedes esta fiesta patronal en honor de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de esta comunidad de Venecia. Me alegro con todos ustedes, les felicito sinceramente, y como pastor de la diócesis les exhorto para que vivan su experiencia de fe con ánimo renovado y con un efectivo compromiso con la Iglesia, que conformamos todos como comunidad. Por ello, todos estamos llamados a poner de nuestra parte, a fin de buscar e ir logrando una comunidad cristiana parroquial más dinámica, renovada y comprometida con su propia misión. Agradezco a los Padres de la Orden de San Agustín por la amable invitación que me han hecho para estar hoy aquí entre ustedes. Asimismo, reconozco y agradezco sinceramente al P. Paco, al P. Joel y al P. Ronald el acompañamiento pastoral que brindan generosamente a ustedes como comunidad parroquial.

Aunque ciertamente estamos celebrando y recordando a la Santísima Virgen como patrona de esta Parroquia, tenemos claro que el acento de esta fiesta litúrgica es evidentemente cristológico, pues celebramos la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. Hace cuarenta días que celebramos el misterio de la Natividad del Señor, hoy lo contemplamos junto a sus padres que lo presentan al templo para cumplir la ley de Dios, como familia fiel creyente que pone las cosas de Dios en primer lugar.

El rito inicial de esta celebración y el contenido de la Palabra de Dios que hemos escuchado, nos han instruido en el sentido profundo de esta fiesta: las promesas mesiánicas de Dios se han cumplido. El Niño nacido y presentado en el templo es el Hijo de Dios, el Salvador y Redentor de la humanidad. Jesús se encuentra con su pueblo en las personas de los ancianos Simeón y Ana. Cristo se manifiesta y es presentado como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel.

Pero quiero destacar dos acentos que considero fundamentales de esta celebración:

1.- Ofrecerse a Dios: Jesús es presentado por sus padres en cumplimiento de la ley de Moisés, pues todo primogénito debía ser ofrecido al Señor. Para nosotros hoy, lo que da sentido a nuestra vida y a nuestra fe es la capacidad de ofrecernos a Dios. De Él todo lo hemos recibido, a Él hemos de ofrecer todo cuanto somos, hacemos y tenemos. Esta es una invitación a que ustedes y yo nos convirtamos hoy y siempre en una ofrenda agradable a Dios ¿Seré agradable en este momento a Dios por lo que soy y por la manera como vivo? Quien es capaz de ofrecer su vida a Dios es fiel, cumple la voluntad de Dios y vive en comunión con Él. Y la primera que nos da ejemplo de ello es la Virgen María: mujer fiel, creyente que siempre ofreció su vida a Dios, discípula que cumplió siempre la voluntad del Señor.

2.- Ser experiencia y testimonio de la luz: al ser presentado en el templo, Simeón exclama de Jesús que es “luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel”. Este es el “mensajero” del que habla Malaquías, en la primera lectura, que entrará en el santuario (templo) como “mensajero de la alianza”. Jesús es luz y esperanza de salvación para todos, Él es la luz del mundo, la luz de cada uno de nosotros para que caminemos y vivamos siempre en la claridad y nunca en las tinieblas del mal y del pecado. Este es el sentido de las candelas que hemos portado y bendecido: dejar que el Señor ilumine toda nuestra vida; y ser capaces nosotros de iluminar también a los demás por el testimonio de vida y fe que debemos dar. La luz es la imagen propia de esta fiesta. Es lo que nos toca a nosotros: ser reflejo y testimonio de la luz de Dios.

Hermanos, no hay duda de que todo este misterio de la Presentación del Señor, que hoy celebramos, es una invitación fuerte y continua a todos nosotros a vivir en la presencia del Señor. Ciertamente el Señor está en toda parte y lugar, y su presencia llena toda la tierra, pero ese vivir en su presencia se refiere a la capacidad que tengamos de vivir en comunión con Él, es decir, de nuestra cercanía, amistad e intimidad con el Señor. Vivir en su presencia es cumplir su voluntad, practicar su amor, hacer el bien, dar testimonio de nuestra fe y de nuestros valores, servir a los demás, estar a la escucha de su palabra, tener la experiencia dialogante de la oración, en fin, vivir en la presencia del Señor es tener conciencia siempre clara y presente de que Él es el centro, el fin y la meta de toda nuestra vida. Por ello, vivamos siempre en la presencia del Señor para ser luz y testimonio.

Y en este itinerario de fe y de respuesta a Dios, María nuestra Madre es luz, guía e inspiración para nosotros, pues ella siempre vivió en la presencia del Señor: escuchó y acogió su palabra; dijo “hágase en mí según tu voluntad”; ella es la discípula generosa, dócil, humilde, fiel y obediente; la madre dolorosa cuya alma fue traspasada por una espada, la mujer firme al pie de la cruz, “María la mujer fuerte del sí”, como ha dicho el Papa Francisco.

Que el alimento del cuerpo y la sangre de Cristo, que recibimos en la Eucaristía, nos ayude a vivir siempre en la presencia de Dios, ofreciéndonos continuamente a Él, y nos permita dar siempre testimonio vivo y claro de su luz salvadora en medio del mundo y delante de todos los hombres, en todo momento y lugar. Nuestra Señora de la Candelaria interceda por nosotros, nos acompañe hoy y siempre con su protección maternal.

Que así sea, amén.