Obispo de Ciudad Quesada exhorta a confrontar la cultura de lo desechable

“Este proyecto de vida de Dios requiere esfuerzo, lucha, búsqueda de ideales comunes”, comentó Monseñor José Manuel Garita Herrera en su mensaje dominical, quien oró por los matrimonios y las nuevas generaciones.

Para este domingo 6 de octubre, Monseñor José Manuel Garita Herrera señaló que vivimos en una sociedad líquida, inestable y relativista, en la que todo pasa, todo corre y nada permanece, todo cambia.

“Se pierde el valor de lo permanente, estable y duradero, vivimos la cultura de lo desechable; los valores y convicciones más profundas entran en crisis, cuestionamiento y descarte”, comentó en su mensaje dominical.

Ante esta realidad, el Obispo de Ciudad Quesada señala que la Palabra de Dios sale a nuestro encuentro como mensaje permanente, perenne y siempre actual, porque se manifiesta el misterio perpetuo y eterno del amor de Dios. Misterio que se manifiesta “en la unión amorosa entre el varón y la mujer, porque el amor de Dios es siempre fiel, perpetuo e irrevocable”.

Dijo Monseñor que el ser humano tiene una vocación fundamental al amor, porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios que es amor.

El ser humano ha sido creado por Dios para vivir en amor y comunión; no solo, sino en la unión de varón y mujer, en complementariedad.

“Desde los orígenes está claro el proyecto de amor de Dios, hombre y mujer se unirán y formarán una sola carne, como comunidad de vida y amor”, recalcó.

A la luz del Evangelio de San Marcos, Monseñor explica que Jesús es abordado “con trampa” para interpretar ley humana del divorcio. “El Señor reafirma la vocación originaria y fundamental al amor del varón y la mujer, es un solo proyecto de vida, la unión de ambos es signo del amor eterno y perpetuo de Dios. Por tanto, si unión del varón y mujer es signo del amor de Dios, no es lícito separarlo”, comentó.

En este Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, el prelado recordó que la novedad radical de la enseñanza de Jesús es esa unión matrimonial, un sacramento, algo sagrado, “un signo visible del amor perpetuo, fiel e irrevocable de Dios a nosotros, de Cristo que se entregó hasta la muerte por su Iglesia y en la cual el hombre y la mujer -unidos en el Señor- han de visibilizar y testimoniar ese amor que no se acaba y que, por tanto, no se puede separar”.

Por esta enseñanza del mismo Jesús, “nosotros no tenemos ninguna autoridad para cambiar el plan original de Dios y pretender justificar el divorcio, el adulterio o el matrimonio entre personas del mismo sexo. No podemos llamar matrimonio a lo que no lo es, los cambios de sexo, etc”, recalcó.

Ante corrientes actuales, Monseñor dejó tres enseñanzas a la luz del Evangelio:

1. “El amor cristiano no es una utopía; es una realidad posible con la ayuda de la gracia de Dios. Hay ejemplos de parejas de muchos años de matrimonio”.

2.- “Este proyecto de vida de Dios requiere esfuerzo, lucha, búsqueda de ideales comunes”.

3.- “Para crecer en el amor de Dios es necesario darse y compartir, una continua educación en el amor para no caer en la rutina, la frivolidad o el desamor y una auténtica espiritualidad cristiana que brota de la fe y que sabe que el amor viene de Dios y que es posible por medio de la gracia y de la oración”.

Monseñor pidió por los jóvenes y las futuras generaciones, por las familias y los matrimonios, y para que entendamos que sólo unidos al Señor podremos vivir en el amor.

“Señor Jesús, tú conocías las opiniones de tu pueblo sobre el matrimonio. Pero nos exhortaste a verlo con los ojos de Dios. Hoy los esposos cristianos necesitan como nunca ver en el amor de Dios la luz y la fuerza para mantener su alianza. Ayúdalos a descubrir, en tiempos de paz y en tiempos de crisis, la gracia y la tarea de la fidelidad. Y ayuda a tu Iglesia a escucharlos y alentarlos en la prueba. Así sea, amén”, finalizó el Obispo de Ciudad Quesada en la Misa que presidió a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.

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