Oleada de violencia y muerte sin sentido

“¿Dónde está tu hermano Abel? (…) ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo” (Génesis 4, 9-10).

Esta llamada del Señor a Caín es la llamada que también se nos hace a cada uno de nosotros, en la cual nos interpela sobre la práctica del mandamiento del amor “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22, 39).

Los acontecimientos diarios que vivimos en nuestra sociedad nos demandan atender nuestra vocación a la vida, al proyecto de Dios, a vivir en comunidad, anunciando y testimoniando su mensaje de salvación.

La muerte nos acecha a través de la corrupción que penetra en el corazón del hombre que provoca la muerte por odio y rencillas o por pago o porque rechaza la voluntad de Dios de la disposición a la vida y busca “proyectos de ley” para instaurar más muerte a través del aborto o la eutanasia.

La muerte nos acecha también cuando la ira se impone en la persona humana, cuando es víctima de la desesperación o la imprudencia y se establece en las calles el luto y el dolor. La muerte está presente cuando vemos los constantes feminicidios en nuestra sociedad.

Podríamos seguir citando algunos otros ejemplos de desprecio a la vida, de rechazo al plan de Dios y corremos el riesgo de acostumbrarnos a esas malas noticias, muchas de las cuales nos anuncian cómo son arrebatadas las vidas de muchos jóvenes que caen en las drogas.

Ojalá no respondamos de manera provocativa y desentendida al Señor como Caín: “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?” (Génesis 4, 9). Ojalá demos un testimonio que agrade al Señor en el que procuremos el respeto y el cuidado de la vida propia y la vida de los demás. ¡Que volvamos nuestra mirada a Dios y apreciemos el don más sagrado que nos ha regalado!

En su Encíclica Fratelli Tutti, n. 94, el Papa Francisco nos expresa: “El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”. Esa debe ser nuestra búsqueda incesante.

En medio de la desolación que provoca el odio, la ira y la corrupción que golpea a la humanidad debemos levantarnos con la fuerza del amor que nos da el Señor para combatir esa oleada de violencia y muerte sin sentido que nos acosa.

No nos acostumbremos a una sociedad en la que impere la muerte y el desprecio a la vida. No seamos presa tampoco de malas noticias dejándonos vencer por la desesperanza. Procuremos una sociedad distinta en la que los hermanos cuidan unos de otros como lo quiere Dios.

Busquemos acompañar a quienes se sienten solos, tendamos nuestra mano a quienes no ven otro frente más que la desesperación; no seamos indiferentes a los problemas que pueden estar ocurriendo en nuestros propios hogares, comunidades o lugares de trabajo, y llevemos, todos, creyentes y personas de buena voluntad, el aliento que permita transmitir vida y esperanza en medio de situaciones de oscuridad. ¡Que el Señor nos ayude, nos cuide y nos permita transmitir paz, esperanza, amor y vida!

Fermento 325. Martes 18 de junio, 2024