Conclusión de la procesión del Encuentro y Vía Crucis.
Catedral de Ciudad Quesada, Viernes Santo, 18 de abril de 2025.
Año Santo y Jubileo de la Esperanza.
Durante su pasión, y especialmente en su camino de cruz hacia el Calvario, Nuestro Señor Jesucristo sufrió la violencia más inhumana y brutal: latigazos, corona de espinas, el peso de la cruz, ultrajes, burlas e insultos, hasta ser despojado de sus vestiduras en la humillación más profunda antes de ser clavado en la cruz.
Frente a tanto odio, ofensa y violencia, ¿cuál fue la respuesta de Jesús? ¿Cuál fue su actitud? Ante todo, silencio y paciencia. Pero, sobre todo, su exclamación suprema fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Perdón, amor, reconciliación: he aquí el gran mensaje, el reto y la lección para todos nosotros.
Hoy, en el contexto del Jubileo de la Esperanza 2025, cuando el espíritu de renovación y fe nos invita a mirar hacia un futuro lleno de posibilidades, recordamos que Jesús, crucificado y a punto de morir, asumió el dolor y la muerte para reconciliarnos, unirnos y sanar las heridas de la división. Su sangre derramada en la cruz nos recuerda que, a través del perdón, podemos transformar la violencia y el odio en un camino de esperanza y comunión.
Pidamos a Jesús, el manso y humilde de corazón, que, en este tiempo del Jubileo de la Esperanza, extienda a nuestro país y a cada nación herida, la gracia del perdón, la unión y la reconciliación en medio de tanta violencia e irrespeto a la vida humana. Los valores cristianos del perdón, la reconciliación, la paz y el respeto a la dignidad de cada persona deben guiarnos en este noble objetivo, que es responsabilidad de todos.
Que Cristo nos pacifique con su cruz y nos purifique con su sangre de todo odio, rencor, división y violencia. Él se entregó, padeció y murió para reconciliarnos, y ahora nos invita a ser instrumentos vivos de esa paz transformadora. Nosotros, como cristianos, estamos llamados a encarnar estos valores y a ser testigos auténticos de un amor que trasciende el dolor y nos impulsa a construir un mundo de esperanza.
¡Jesús, ayúdanos a amar de verdad, ayúdanos a perdonar de corazón, tal como Tú nos has amado y perdonado! ¡Señor, haznos instrumentos de tu paz y de la esperanza que nos impulsa a transformar nuestro presente!
¡Te adoramos, Oh, Cristo, ¡y te bendecimos! Porque con tu santa cruz y tu muerte redentora, nos has regalado un camino de reconciliación y de fe en un futuro de esperanza. Amén.
