Poco aprecio por la vida

Costa Rica vive una tragedia que lamentablemente es cotidiana: la de sus muertos en carretera. Según datos del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), en apenas seis meses, han fallecido 307 personas en el sitio del accidente. Son en promedio 51 muertes por mes en carretera en este año 2025 hasta el mes de junio.

No hablamos de simples números. Hablamos de vidas truncadas y familias devastadas. El dolor por el cual pasan estas familias que han perdido a un hijo, a un hermano o hermana, a un padre o una madre no se puede olvidar.

Desde el año 2022 el exceso de velocidad es la principal causa de muerte en carretera; solo en el primer semestre de este año ya son 108 las fatalidades vinculadas a esta situación.

Resulta especialmente alarmante que, como viene ocurriendo desde el año 2014, más de la mitad de los fallecidos en carretera sean motociclistas. Tan solo en el primer semestre del año, 165 personas perdieron la vida mientras conducían una moto. Representan el 53,7 % del total. Un dato que debe poner un alto en el camino.

Las causas de estos accidentes son múltiples, pero hay un denominador común: el descuido. Exceso de velocidad, imprudencia del peatón, invasión del carril son de las causas que más ocasionan muertes.

Hay otras como el consumo de alcohol, falta de equipo de seguridad, distracción con el celular, irrespeto a las señales. Cada una de estas acciones encierra un desprecio por la vida propia y la vida de los demás. Nos hemos acostumbrado a vivir al borde, como si nada pudiera pasarnos, como si la muerte fuera siempre asunto de otros.

La indiferencia nos está matando. Como sociedad, pareciera que ya no nos conmueve ver una moto destruida al borde del camino. Hemos naturalizado lo inaceptable. Pero no puede ni debe ser normal que, cada semana, más de una decena de personas mueran en nuestras rutas.

Por supuesto que urge una respuesta integral. Se necesita firmeza en la fiscalización, coherencia en las políticas públicas, inversión en infraestructura segura y una transformación profunda en la educación vial. Pero, sobre todo, necesitamos conciencia. Una toma de responsabilidad personal y colectiva. La seguridad vial no es solo tarea del Estado: es compromiso de todos.

Manejar no es un acto mecánico: es una decisión que implica ética. Cada vez que salimos a la calle, llevamos en nuestras manos no solo nuestro destino, sino el de quienes nos rodean. Manejar con prudencia, utilizar el cinturón o el casco, respetar los límites, detenerse ante un alto… son gestos sencillos que pueden salvar vidas.

Proteger la vida debe ser un principio irrenunciable. Cada vida que se pierde es una derrota para el país.

No esperemos que las estadísticas sigan batiendo récords de luto y dolor, debemos volver al respeto por los demás, debemos pensar en cuidar la vida de todos.

Ojalá que los anuncios de que este año podría ser el de más muertes en carretera en una década no terminen convirtiéndose en una profecía de calamidades. Ojalá que, como sociedad, reaccionemos a tiempo y tomemos verdadera conciencia. Dios nos ayude a ser responsables y solidarios.

Fermento 384. Martes 5 de agosto, 2025

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