“Rechazar la lógica de la violencia y de la guerra” y promover una reconciliación “desarmante y desarmada” fundada en “el amor y la justicia” son parte de algunos de los enunciados que el Papa León XIV escribió en su mensaje para la 59 Jornada Mundial de la Paz del pasado 1 de enero.
La paz ha sido base de los mensajes que el pontífice ha realizado desde su elección en el mes de mayo anterior como Sucesor de San Pedro. Para esta importante Jornada, que abre el año civil, el Papa nos invita a rechazar la lógica de la violencia y de la guerra, para abrazar una paz auténtica.
Recordemos que la paz no es simplemente la ausencia de conflicto, sino una construcción diaria que exige conversión del corazón y compromiso. Rechazar la lógica de la violencia y de la guerra implica desmontar aquellas actitudes, palabras y decisiones que normalizan la exclusión, la confrontación y el desprecio por la vida humana.
La reconciliación a la que nos convoca el Santo Padre es “desarmante y desarmada”, porque no se impone por la fuerza ni se alcanza con soluciones superficiales. Se requiere un deseo profundo y acciones concretas guiadas por la verdad, el perdón y la valentía para sanar las heridas que dividen a los pueblos y a las personas.
Este llamado adquiere especial relevancia en un mundo marcado por tensiones crecientes y conflictos persistentes. Iniciar el año civil acogiendo esta invitación del Papa es asumir la paz como tarea común, entendiendo que cada gesto de respeto, diálogo y solidaridad contribuye a edificar una convivencia más humana y fiel al Evangelio.
No basta con condenar la violencia en escenarios lejanos si en lo cercano toleramos el lenguaje agresivo, la descalificación del otro o la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. La paz comienza cuando aprendemos a mirarnos como hermanos y no como adversarios o enemigos.
En el llamado del Papa hay una claridad evidente sobre una necesidad de paz duradera, la cual no podrá ser si persiste la desigualdad, la exclusión y la falta de oportunidades, porque allí la violencia encuentra terreno fértil.
Construir paz implica apostar por decisiones que pongan en el centro la dignidad humana y el bien común.
El mundo necesita líderes que puedan optar por el diálogo cuando parece inútil, por la justicia cuando resulta incómoda o por el amor cuando se percibe como debilidad. Sin embargo, es precisamente esta opción la que puede abrir caminos nuevos y sostenibles para la convivencia y la esperanza.
Al abrirse un año nuevo, es necesario que la paz que tanto urgimos pueda establecerse en el corazón de cada cristiano, desde cada hogar y cada comunidad. ¡Seamos testimonio de paz! ¡Imploremos la paz! ¡Manifestemos paz!
Pidamos al Señor la fuerza y la guía para que la paz reine en el mundo, para que cesen el odio y los conflictos, para que se acaben las guerras y podamos construir un mundo más unido y fraterno.
Fermento 409. Martes 27 de enero, 2026
