¡Preparen el camino!

Tenemos la oportunidad de iniciar un nuevo Año Litúrgico con el I Domingo de Adviento que viviremos este 3 de diciembre. Sabemos que el Año Litúrgico es la experiencia salvífico-celebrativa que recorremos para adentrarnos en los misterios de Cristo, desde su nacimiento, hasta su pasión, muerte y resurrección.

Iniciamos el nuevo ciclo que se dispone en la Iglesia con el Tiempo de Adviento, tiempo fuerte de reflexión y de gracia que nos ayuda a esperar a aquél que precisamente viene a nuestro encuentro para darnos la vida. Nos toca preparar el camino, como en otro momento lo hicieron los profetas.

Adviento debe dejar una honda huella en nosotros los católicos para vivir en familia, alrededor de un signo tan elocuente como lo es la corona, que nos permite orar, tomar un espacio para reflexionar las lecturas bíblicas y pedir el auxilio del único Dios y Señor.

Adviento también debe llevarnos a compenetrarnos más aún en la liturgia que se vive en la Iglesia. Si hoy muchos están alejados de los templos, Adviento es la mejor oportunidad para volver; sobre todo cuando aún tenemos secuelas que dejó la pandemia y que alejó a muchos de la vivencia eucarística y de la meditación de la palabra de Dios en comunidad.

Adviento nos presenta grandes figuras de la Biblia que se deben volver cercanas a nuestra realidad: el profeta Isaías, Juan El Bautista y la Virgen María. Todos ellos nos dicen que viene el Salvador que nos traerá paz y salvación; todos ellos nos invitan a abrir nuestro corazón a Dios de manera auténtica.

Del profeta Isaías podemos imitar la alegría y esperanza que manifiesta al anunciar desde antiguo al Salvador. Del Bautista podemos expresar también nuestra pequeñez para mostrar que el Señor Jesús es el importante, y que viene a darnos la salvación.

Por supuesto, de la Virgen María, su humildad es signo característico y, nosotros los creyentes estamos llamados a dar testimonio, a dejarnos guiar por Dios y a aceptar su voluntad para cumplir fielmente sus designios.

Se nos invita durante cuatro semanas a esperar al Salvador, al que es la luz y que disipa toda tiniebla. En medio de un año civil que muchas veces nos deja desconsuelos y tristezas, este tiempo, que ha sido santificado por el Señor, también se posiciona como un tiempo de esperanza para transformar muchas de nuestras vivencias.

Adviento puede ser un momento para acercarnos al sacramento de la Reconciliación, para poner delante del Señor todas nuestras faltas y disponer nuestro corazón para una auténtica conversión.

Por supuesto, en este tiempo, no dejemos de lado la figura de San José, padre providente, quien confiado a la voz de Dios acogió a Jesús y María, los cuidó y protegió. Como San José, también cuidemos de nuestras vidas y de nuestras familias; reafirmemos nuestra fe y acerquémonos con confianza a aquel que también nos habla de manera constante.

¡Como creyentes, preparemos el camino y permitamos con nuestra vida que otros escuchen y conozcan a Jesús que viene a nosotros!

Fermento 296. Martes 28 de noviembre, 2023