Protegidos por la discípula fiel de Cristo

Celebramos este próximo 2 de agosto 389 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de los Ángeles, un acontecimiento que marcó para siempre la historia de nuestra nación, cimentando sólidas raíces de fe y conformando un país en el que todos, sin distinción de raza, ven en María a quien les protege y acompaña.

Son incontables los gestos de fe y devoción, tantas oraciones y súplicas confiadas, tantas necesidades y promesas hechas con mucha esperanza que nos hablan del amor y la confianza que tenemos en nuestra Madre. Ella, que nos acoge y recibe, nos presenta a su Hijo Jesús con todo lo que somos, tenemos y también con aquello que nos hace falta.

Con confianza y con alegría podemos decir que la Virgen de los Ángeles nos reúne siempre, desde luego que con especial devoción acudimos a ella en estas fechas, pero cada vez que surge una necesidad personal o a nivel país, volvemos a ver a nuestra Madre celestial con esperanza, porque sabemos que siempre está dispuesta a atender nuestras súplicas.

Este año, se da también la celebración de un hecho que precisamente marca a Costa Rica como un país creyente: los 200 años de la declaratoria de la Virgen de los Ángeles como Patrona de Costa Rica por parte de la Asamblea Constituyente. Un siglo después, en 1924, el Congreso Nacional de la República renovó esa declaratoria que confía el patronazgo de nuestra nación a la Virgen de los Ángeles.

Los tiempos actuales deben llevarnos a renovar nuestra fe en el Señor, con la seguridad de que siempre nos acompaña e inspirados en nuestra Madre quien nos dice: “Hagan todo lo que él les diga” (Juan 2, 5).

Hoy tenemos el gran reto de lograr familias cristianas, familias creyentes, familias que transmitan la fe a las nuevas generaciones. Tenemos el reto de que los creyentes se involucren con mayor decisión en el ámbito público y político, para seguir renovando los valores morales y de fe que construyeron y conformaron a Costa Rica.

La devoción a Nuestra Señora de los Ángeles, desde su hallazgo en Cartago en 1635, ha sido referente del ser nacional y punto de confluencia de todos los costarricenses. Debemos renovar esa actitud de fe y esperanza para pedir que se restaure la paz y la solidaridad en nuestro país; no cedamos ante la cultura de la muerte que se quiere imponer o ante la sociedad “sin Dios” que muchas ideologías pretenden establecer.

Inspirados en el testimonio de fe de María, estamos llamados a caminar como cristianos en medio de la sociedad; no puede ser solo un gesto o ser parte de una tradición.  

Los católicos estamos llamados a hacernos notar con nuestra propia vida, en nuestras palabras, en nuestros pensamientos y sentimientos que vivimos los principios del Evangelio. No podemos decir que creemos en Dios y luego actuar o vivir como si se nos olvidara.

Pongamos a los pies de la Virgen de los Ángeles todas nuestras necesidades, y especialmente pidamos para que el rumbo de Costa Rica se rectifique en favor de políticas que salvaguarden la dignidad humana; un país en el que se promueva el desarrollo, que se ponga a la persona humana en el primer lugar y en el que el presente y futuro descanse sobre sólidos valores que salvaguarden el bien común, la justicia y la paz.

Fermento 331. Martes 30 de julio, 2024

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