Santa Bárbara, virgen y mártir.
Parroquia San Isidro Labrador, Peñas Blancas, miércoles 4 de diciembre de 2024. Filial de Chachagua, 6:00 p.m.
Esta fiesta patronal en honor de Santa Bárbara, virgen y mártir, patrona de esta comunidad, nos permite a todos, pero especialmente a ustedes, renovarnos en la fe y animarnos en nuestro compromiso apostólico con el Señor y con la Iglesia. Esta celebración nos da la oportunidad de valorar y apreciar al máximo el don y tesoro de la fe que hemos recibido, sobre todo a la luz de la historia y testimonio de Santa Bárbara.
En la continuación del camino del Adviento, que hemos iniciado, escuchamos en los textos de la palabra de Dios, que el Señor, quien viene a nuestro encuentro, quiere hacer y darnos un banquete con los mejores manjares de su amor y salvación, aniquilando la muerte para siempre, como decía el profeta Isaías en la primera lectura. El Señor que viene, quiere darnos vida y vida en abundancia; no cualquier tipo de vida, sino vida eterna en el banquete celestial que nos promete.
El evangelio de San Mateo nos permite contemplar a Jesús en el ejercicio intenso de su ministerio público, predicando, curando, sanando, aliviando y teniendo compasión de las multitudes, especialmente de los enfermos y sufridos. Este es el Dios que ha venido y viene por nuestra salvación. Y lo hace desde su amor infinito y misericordioso que lo lleva a compadecerse no solo de los enfermos y de los que sufren, sino también de los que no tenían de comer. La multiplicación de los panes y de los peces que escuchamos es la prueba de que el banquete de la salvación ha venido con Jesús, quien nos sacia de su amor, misericordia y salvación.
Esta verdad la entendieron y vivieron los santos, especialmente los mártires que sufrieron y entregaron su vida por Cristo y su Evangelio. Ellos experimentaron la compasión del Señor que los hizo fuertes para la prueba y para mantenerse fieles hasta el final, incluso entregando la vida y su virginidad como fue el caso de Santa Bárbara. Ella fue una joven conversa que vivió entre los siglos III y IV. Nació en Nicomedia, antigua provincia del Imperio Romano, ubicada en la actual Turquía.
Según una antigua tradición, Santa Bárbara fue encerrada en una torre por su propio padre, un sátrapa (rey pagano) de nombre Dióscoro, con el propósito de apartarla de la influencia del mensaje cristiano. El rey, además, hizo que maestros de filosofía y poesía la visitaran en su celda periódicamente para así asegurarse de que rechazara a Cristo.
Bárbara no sólo no fue persuadida de ello, sino que desobedeció la orden de casarse y se declaró cristiana, algo que el gobernante consideró como la peor de las afrentas. Entonces, lleno de furia, ordenó que la joven fuera torturada. La santa fue atada a un potro y flagelada.
Como logró sobrevivir a los indecibles maltratos, el padre ordenó que fuese presentada ante el juez, quien determinó la pena capital. El lugar escogido para la ejecución fue la cima de una montaña, y el verdugo sería el propio Dióscoro, su padre. Pero él no logró dar muerte a su hija, cortándole la cabeza, pues un rayo le cayó encima y lo fulminó. Sin embargo, ella, finalmente, fue decapitada.
Aunque no existen referencias históricas del todo sólidas sobre Santa Bárbara y los hechos que le acontecieron, su veneración se extendió por Europa, consolidándose en el siglo VII. Su culto fue aceptado y confirmado por el Papa San Pío V en 1568 y desde entonces aparece en la lista de los santos auxiliadores.
Se le representa cubierta con un manto rojo, al lado de un cáliz con la sangre de Cristo, portando una rama de olivo, una corona y una espada; todos símbolos del martirio. Y también con una torre, aludiendo al lugar de su cautiverio.
La historia sobre la muerte de su padre causó, probablemente, que fuese tomada por protectora ante los peligros de las tormentas eléctricas y los incendios naturales. Luego, quizás por analogía, se le nombró patrona de los artilleros, los mineros y los bomberos. Todo esto constata cómo la vida de los santos tiene influencia e impacto en la vida de quienes los queremos conocer e imitar. Para ello son modelos y motivación en la fe y en la santidad.
Hermanos, pidamos en esta Eucaristía, como fruto de esta fiesta, la gracia de la fidelidad a la fe y a nuestra condición de creyentes cristianos. Que por nada neguemos nuestra fe o nos avergoncemos de ella, al contrario, que, a semejanza de Santa Bárbara, seamos fieles y consecuentes hasta el final, asumiendo cualquier prueba, dificultad, sufrimiento o incluso la muerte por causa de Cristo y de su Evangelio. El cuerpo y la sangre de Cristo nos den la fuerza para mantenernos firmes y perseverantes hasta el final como lo hizo Santa Bárbara, virgen y mártir. Que así sea, amén.
