Queridos jóvenes, vivan en la esperanza, vivan en Jesús

X Edición del Día Joven con Jesús, XVI Domingo Tiempo Ordinario, 20 de julio de 2025.

Parroquia San José de Aguas Zarcas, Centro Ecuestre La Marina, 9:00 a.m.

Muy queridos jóvenes:

En esta sociedad postpandemia, y bastante digital que nos ha tocado vivir, hemos tenido un camino espiritual iniciado en años anteriores, celebrando desde esa perspectiva los últimos Días Diocesanos de la Juventud. Este camino ha estado centrado en las tres virtudes teologales: en 2022, sobre la fe en Río Frío de Sarapiquí; en 2023, sobre la esperanza en Katira de Guatuso, y en 2024 sobre la caridad en Santa Rita de Río Cuarto. 

Este año, acá, en la Parroquia San José de Aguas Zarcas, llegamos a la X Edición del Día Joven con Jesús y esta es la quinta parroquia que es sede de este encuentro que reúne a los jóvenes y grupos juveniles de nuestra diócesis. Hacemos nuevamente eco de la virtud de la esperanza, pero vista desde un camino de peregrinos que somos todos en este mundo. En este sentido, la esperanza nos impulsa a lo más alto. 

Este domingo, las lecturas de la Palabra de Dios nos hablan al corazón. En este Año Jubilar, en el cual somos llamados a ser peregrinos de la esperanza, el mensaje de la Palabra nos recuerda que esa esperanza no es una idea, ni un estado de ánimo; es un camino que se recorre con Dios y con los demás. Hoy la liturgia nos muestra a cuatro personajes muy distintos, pero que comparten algo en común: dejaron entrar a Dios en sus vidas y con esto se transformaron y transformaron el mundo que los rodeaba. 

La primera lectura nos presenta a Abraham recibiendo a tres visitantes. Él no sabía que era el mismo Dios quien venía a su tienda, pero los acogió con generosidad, sin condiciones. Ese gesto cambió su vida: recibió una promesa que parecía imposible: a sus 90 años sería padre de un hijo con su esposa estéril y anciana. En un mundo que muchas veces empuja a cerrar el corazón, a vivir con desconfianza o indiferencia, la esperanza comienza cuando nos abrimos a los demás, como Abraham; cuando somos hospitalarios no solo en nuestra casa, sino también con nuestro tiempo, con nuestras palabras y con nuestra escucha.

El otro personaje es el salmista. Dice que quien actúa con justicia y verdad vivirá en la presencia del Señor. Esto nos recuerda algo esencial: la esperanza no es pasiva, ingenua o tonta. Se construye desde la vida diaria, con decisiones honestas, justas y coherentes. Viviremos en presencia del Señor no solo en el cielo, sino de muchas maneras ya desde este mundo. Ustedes tienen una facilidad para descubrir la mentira y la falsedad. Busquen y vivan en la verdad. En un tiempo en el cual muchos relativizan todo, ustedes -los jóvenes- tienen la capacidad de ir contra corriente, de apostar por lo verdadero, lo bueno, lo justo, lo que edifica. Y eso también es caminar como peregrinos de esperanza.

En la segunda lectura de colosenses, San Pablo dice algo fuerte: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo”. El apóstol no se queja; pone su dolor al servicio del bien de otros. En un mundo que evita el sufrimiento a toda costa, San Pablo nos recuerda que cuando cada uno ofrece su esfuerzo, sus luchas, incluso su dolor, por amor, ello tiene un valor inmenso e incalculable. Muchos jóvenes hoy llevan cargas: falta de sentido, ansiedad, exigencias, tristezas, incertidumbre sobre el futuro. Pero también tienen una fuerza impresionante cuando creen en algo o en Alguien. Pablo los invita a no guardarse el dolor, sino a transformarlo en ofrenda, en camino de esperanza compartida con los demás. 

El Evangelio de San Lucas nos habla de dos hermanas. Marta está agobiada por todo lo que hay que hacer. María, en cambio, se sienta a los pies de Jesús a escucharlo. Y Jesús dice: “María ha escogido la mejor parte”. No es que el trabajo de Marta no valga, sino que Jesús nos enseña que, en medio del ruido, del activismo y de la velocidad, nos detengamos para escuchar y estar con Él. En este Año Jubilar, el Papa nos llama a caminar con esperanza. Pero ese caminar no es solo acción, también necesita oración, silencio, escucha interior. Que en sus grupos juveniles existan espacios para fomentar los momentos de oración con la Biblia, la Adoración Eucarística, la asistencia a la Eucaristía, el rezo del Santo Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, etc. 

Queridos jóvenes, vivan en la esperanza, vivan en Jesús. No se trata simplemente de un optimismo humano, sino de una certeza profunda, sembrada por Dios en nuestros corazones, Él es fiel, su amor no falla, Él camina con nosotros, incluso en las noches de nuestra vida. 

El Papa León XIV nos ha invitado a no conformarnos con una esperanza superficial, sino a abrazar una esperanza que se enraíza en Cristo Resucitado, capaz de sostenernos incluso en medio de las crisis personales, sociales y espirituales de nuestra época. El Beato Carlo Acutis, con solo 15 años, comprendió que la verdadera esperanza no está en los “likes” ni en la fama, sino en vivir conectados a Jesús. Su vida nos muestra que la esperanza cristiana no es una teoría; es una persona, es Jesucristo.

La esperanza cristiana nos da alas, es nuestro motor, no para huir del mundo, sino para transformarlo. ¡Jóvenes, no tengan miedo de esperar en grande! La esperanza no decepciona, porque no nace de nosotros, sino del Espíritu Santo que habita en nuestro interior. Carlo eligió vivir la esperanza sirviendo a los más pobres, evangelizando con alegría en internet y ofreciendo su enfermedad por la Iglesia. 

Insisto, esperanza cristiana no es optimismo ingenuo ni una frase bonita para “sentirnos bien”. Tampoco es pensar que todo saldrá bien por arte de magia. La esperanza cristiana es una certeza basada en el amor de Dios, que nunca falla. Es confiar en que, aunque el camino sea duro, Dios camina con nosotros y tiene la última palabra. 

En esta Eucaristía también serán enviados jóvenes que irán al Jubileo de la Juventud, en Roma esta semana. Recuerden todos: ser “peregrinos de esperanza” no es solo hacer viajes ni participar en eventos masivos. Es vivir cada día como Abraham, como el salmista, como Pablo, como María de Betania, ¿Cómo hacerlo? Abriendo el corazón a Dios y a los demás, incluso cuando cueste. Eligiendo la justicia y el bien, aun cuando parezca más fácil mentir, hacer el mal o mirar para otro lado. Entregando nuestra vida, incluso en los momentos de dificultad, ofreciendo a Dios esas dificultades y dando a Cristo a los demás como nuestro tesoro. Reservando un espacio para Dios, aunque todo lo demás grite “no tengo tiempo”.

Queridos jóvenes, hoy ustedes son llamados a ser antorchas de esperanza en un mundo herido y frío; a ser sembradores de luz donde hay oscuridad, constructores de paz en un mundo donde tantos se hacen rivales y enemigos. 

Pidamos al Señor en esta Eucaristía, por intercesión del Beato Carlo, que nos regale una esperanza firme, alegre y contagiosa, capaz de cambiar nuestra historia y la de los demás. El Señor los haga testigos valientes y decididos de la esperanza que viene de Dios. Él los bendiga, los guíe y los cuide siempre. Que así sea, amén.

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