La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con esta misión. Nos desafía a tomar medidas concretas para proteger el lugar donde vivimos, desde pequeñas acciones cotidianas hasta esfuerzos colectivos a nivel global. Es un llamado a la acción, pero también a la esperanza, confiando en que, con la gracia de Dios y nuestro esfuerzo común, es posible construir un futuro más justo y sostenible.
Con motivo de esta celebración del 1 de setiembre, el Papa Francisco, exhorta en su mensaje a la armonía entre los seres humanos, la cual debe extenderse también a la creación, “en la responsabilidad por una ecología humana e integral, camino de salvación de nuestra casa común y de nosotros que habitamos en ella”.
El Santo Padre introdujo también el concepto de “antropocentrismo situado” en su Exhortación Apostólica, Laudate Deum, del mes de octubre pasado, siendo una idea que nos llama a reconsiderar nuestra posición en el mundo. No se trata de eliminar al ser humano del centro de la creación, sino de situarlo de manera que reconozca su interdependencia con el resto de la naturaleza. Este enfoque nos invita a vernos no como dueños absolutos de la Tierra, sino como administradores responsables, como verdaderos hijos de Dios.
La visión de una ecología humana e integral, propuesta por el Magisterio de la Iglesia, nos recuerda que la crisis ambiental no puede ser abordada de manera aislada. La destrucción del mundo en que vivimos está ligada a las injusticias sociales, y cualquier intento de solución debe considerar tanto la dignidad humana como la salud del planeta. La explotación desenfrenada de los recursos naturales y la marginación de los más vulnerables son dos caras de la misma moneda.
El principio del bien común nos llama a considerar el bienestar de todos, incluyendo a las generaciones futuras. Esto implica un cambio de mentalidad que rechace el consumismo desenfrenado y promueva un estilo de vida más sencillo y sostenible.
En este camino hacia una ecología integral, la oración desempeña un papel crucial. En esta jornada se nos exhorta a la contemplación. Nos recuerda que el cuidado del planeta no es solo una cuestión técnica o política, sino espiritual. Necesitamos redescubrir el sentido sagrado de la creación y nuestra responsabilidad de protegerla como un acto de adoración y amor a Dios.
La enseñanza bíblica nos recuerda que la Tierra y todo lo que en ella hay pertenece al Señor (cfr. Salmo 24,1). Este reconocimiento nos impulsa a actuar con humildad y reverencia, conscientes de que nuestras acciones tienen consecuencias no solo en este mundo, sino también en nuestra relación con el Creador. ¡Esa perspectiva no podemos perderla!
De nuevo: no podemos separar nuestra vida espiritual de nuestra responsabilidad hacia el planeta. La armonía que buscamos en nuestras relaciones humanas debe extenderse a toda la creación, en un esfuerzo conjunto por sanar y restaurar lo que hemos dañado.
Hermanos, la armonía entre los seres humanos y la creación no es idealismo, sino una responsabilidad urgente que debemos asumir. Al celebrar esta Jornada, somos llamados a ser agentes de cambio, promoviendo una ecología integral que promueva la dignidad humana y la integridad de la creación, asegurando así un hogar seguro y saludable para las futuras generaciones.
Fermento 336. Martes 3 de setiembre, 2024
