Solemnidad del Patriarca San José, Esposo de la Virgen María.
Miércoles 19 de marzo de 2025. Fiesta Patronal Parroquia de Aguas Zarcas, 6:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
Nos reunimos con gozo y gratitud para celebrar la solemnidad de San José, esposo de la Santísima Virgen María y patrono de la Iglesia universal. Es una gracia y alegría compartir nuevamente esta Eucaristía con todos ustedes, acá, en Aguas Zarcas, donde San José es patrono, protector y guía de ustedes y de toda la comunidad parroquial. Agradezco sinceramente la invitación del P. Miguel, del P. Luis Diego y del P. Elvis. Asimismo, reconozco y estoy muy agradecido con ellos por todo cuanto hacen pastoralmente en favor de esta querida Parroquia.
Sin duda alguna, la impresionante y, al mismo tiempo, discreta figura de San José, se nos presenta como un auténtico modelo de fe, obediencia, humildad y sencillez. En el Evangelio de Mateo, hemos escuchado cómo, ante la noticia del embarazo de María, él se enfrenta a una situación difícil y desconcertante. Sin embargo, en vez de dejarse llevar por la duda, el miedo o el prejuicio, San José escucha la voz de Dios a través del ángel y actúa con valentía, delicadeza, prudencia y caridad; él es ante todo el varón justo y prudente. Este acto de fe nos enseña que, en momentos de incertidumbre, debemos buscar la voluntad de Dios y confiar en su plan, incluso cuando no lo entendemos completamente. Se trata de dejarnos llevar por la luz y la voz de Dios; no por el impulso o la sensación del momento.
Los textos de la palabra de Dios que hemos escuchado nos permiten entrar en el misterio de Dios y en la misión de San José. La primera lectura del segundo libro de Samuel nos recuerda que Dios es siempre fiel, con la promesa hecha en su momento a David, en el sentido de que su descendencia reinaría para siempre. San José, como parte de esta descendencia davídica, se convierte en el eslabón crucial que conecta las promesas de Dios con la realidad del nacimiento de Jesús, Mesías prometido y esperado. Ello nos muestra que Dios tiene un plan perfecto y que cada uno de nosotros, como San José, puede ser un instrumento en su obra de salvación. Por tanto, hemos de considerarnos y sentirnos instrumentos en manos de Dios como San José, iluminados e inspirados siempre por la fe para cumplir fielmente la voluntad divina.
En este sentido, San Pablo, en la segunda lectura de su carta a los romanos, nos habla de Abraham, hombre de fe que confió en las promesas de Dios. Al igual que Abraham, San José es un modelo de confianza absoluta. Su vida nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe: ¿estamos dispuestos a confiar en Dios incluso en las circunstancias más difíciles y oscuras? La respuesta de San José a la llamada divina es un recordatorio de que la fe nos exige acción y compromiso, obediencia y humildad, docilidad y sencillez de espíritu, virtudes todas que acompañaron y distinguieron al santo carpintero de Nazaret.
Hermanos, hoy, al contemplar la figura de San José, también recordamos su papel como custodio de los tesoros más preciosos de Dios: Jesús y María. Su misión no fue solo ser un padre adoptivo, sino también la de ser protector, guía y acompañante. En un mundo que a menudo se siente desorientado, el ejemplo de José nos anima a ser custodios de nuestras propias familias y comunidades, cuidando de los valores y principios que nos unen y caracterizan como discípulos de Jesús.
De manera particular, no cabe duda de que San José nos enseña la importancia de la humildad y el silencio. En este tiempo, cuando por lo general buscamos ser escuchados y reconocidos, cuando vivimos en medio del ruido estridente y dispersante, San José nos recuerda que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio y la dedicación silenciosa pero eficaz a los demás. Su vida nos invita a ser personas de acción, pero también de reflexión, silencio y oración que buscamos siempre la voluntad de Dios en nuestras decisiones. Para ello, hemos de aprender a hacer altos y pausas de silencio en nuestra vida para ponernos delante del plan de Dios, discernir y descubrir su voluntad sobre nosotros. En el silencio Dios habla y se manifiesta; el silencio nos pone en sintonía con Dios y su voluntad.
En este tiempo de Cuaresma, en el cual nos encontramos, pidamos a San José que nos ayude a purificarnos y renovarnos. Él, como hombre justo y santo, nos invita a renovarnos y santificarnos continuamente. La santidad es nuestra vocación común desde el bautismo. Reconocemos que la Iglesia enfrenta desafíos y dificultades, pero, como San José, debemos mantener nuestra fe y esperanza en la gracia y acción de Dios, y sobre todo ser dóciles a ellas como San José. Este año santo jubilar de la esperanza nos invita particularmente a vivir y testimoniar la esperanza en Dios que nunca nos defrauda. Que la intercesión de San José nos fortalezca en los momentos de prueba y nos guíe siempre hacia la luz de Cristo.
Hermanos, finalmente recordemos que no estamos solos en nuestro camino de fe y misión. La Eucaristía es siempre nuestra fuente inagotable de fuerza, gracia y alimento espiritual. Al participar en este sacramento, renovamos nuestro compromiso de ser discípulos de Jesús, dispuestos a seguir el ejemplo de fidelidad y santidad de San José en nuestra vida diaria.
Que el glorioso Patriarca San José nos acompañe y nos guíe en nuestro camino de fe. Hoy le pedimos especialmente su intercesión y amparo por las familias, las vocaciones y la gracia de una buena muerte. Que su ejemplo nos inspire a vivir con las actitudes cristianas de la confianza, la humildad, la santidad, la fidelidad y el amor. Que así sea, amén.
¡Glorioso Patriarca San José! Ruega por nosotros.
