Fiesta de San Martín de Porres, Lunes 3 de noviembre de 2025.
Parroquia San Martín, Ciudad Quesada, 6:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
Hoy esta comunidad parroquial se reviste de gozo y gratitud al celebrar la fiesta en honor de San Martín de Porres, santo modelo de humildad, servicio y amor universal. En esta Eucaristía, las lecturas nos invitan a contemplar su vida y su legado a la luz del Evangelio y de la alegría cristiana que nace de una fe vivida en obras concretas de caridad.
San Pablo, en la primera lectura de la carta a los filipenses, nos exhorta: “Alégrense siempre en el Señor; se lo repito, alégrense. Que su alegría sea conocida de todos. El Señor está cerca”. Estas palabras parecen describir el alma misma de San Martín. A pesar de haber vivido en medio de injusticias, prejuicios raciales y pobreza, su vida fue un canto constante a la alegría del Evangelio. No una alegría superficial, sino la alegría que brota de saberse amado por Dios y de responder a ese amor con generosidad. Martín, hijo de una esclava negra y de un noble español, conoció desde pequeño el rechazo y la marginación; pero en lugar de amargarse, se llenó de compasión y ternura hacia todos. Hizo de su vida un testimonio silencioso del amor de Dios que no excluye a nadie.
El salmo 130, con el cual hoy hemos rezado, expresa la serenidad del alma que confía en Dios: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos soberbios; soy como un niño tranquilo en brazos de su madre”. Este retrato interior refleja la actitud de vida de San Martín. Su humildad no fue pasividad, sino fortaleza interior. Sabía que el verdadero poder del cristiano está en el amor que sirve y en la mansedumbre que construye paz. En los pequeños gestos cotidianos -curando enfermos, cuidando animales, barriendo los pisos del convento- reveló la grandeza del Reino de Dios.
La segunda lectura, de la primera carta de San Pablo a los corintios, nos recuerda que “el amor es paciente, es servicial, no tiene envidia ni se engríe, no busca su interés, todo lo soporta”. San Martín vivió este himno al amor con una fidelidad heroica. Su caridad no conoció fronteras: atendía a los pobres, a los enfermos, a los animales abandonados, y hasta a los mismos religiosos que lo despreciaban. Decía con sencillez: “Compasión, hermanos, compasión; el amor es más poderoso que todos los argumentos”. En su vida, el amor fue el camino perfecto.
El Evangelio de hoy, según San Mateo, resume toda la ley y los profetas en un doble mandamiento: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo. Este fue el eje de toda la existencia de San Martín. Su oración constante, su confianza en la Providencia y su servicio incansable fueron expresión concreta de ese amor total. Martín no se quedó en palabras; su fe se hizo manos que ayudaban, se hizo corazón que curaba, que alimentaba, que escuchaba. En él se cumplió el mandamiento de Jesús: amar hasta el extremo.
Para la Parroquia de San Martín de Ciudad Quesada, celebrar la fiesta patronal no es solo recordar un ejemplo del pasado. Es renovar su fe y su identidad cristiana. Es reconocer que el santo patrono sigue siendo un hermano cercano que los inspira a vivir el Evangelio en medio de las realidades concretas. Hoy, la comunidad está llamada a ser, como él, un signo de unidad y de servicio en medio de una sociedad fragmentada, donde tantas veces el egoísmo y la indiferencia parecen tener la última palabra. La fiesta patronal les invita a ustedes a mirar nuestro entorno y preguntarnos: ¿cómo podemos ser hoy una Parroquia samaritana, fraterna y misionera, que sirva sin distinción, que escuche a los más pobres, que acoja a todos?
Me parece que San Martín nos deja tres grandes desafíos. El primero es el de la humildad: en un mundo que exalta el poder y el prestigio, el Santo nos enseña que la verdadera grandeza está en servir con alegría y sin esperar recompensas. El segundo es el de la fraternidad universal: en tiempos de división, racismo y exclusión, la vida de San Martín proclama que todos somos hijos de un mismo Padre, y que no hay barreras para el amor. Y el tercero es el de la confianza en Dios: Martín no se desanimó ante las dificultades; su fe lo sostuvo y lo hizo testigo de que la santidad es posible en lo cotidiano, en la fidelidad simple de cada día.
Queridos hermanos, ser Parroquia bajo el patrocinio de San Martín de Porres significa asumir su misma misión: ser una comunidad abierta, alegre, orante y servidora. Que cada grupo, cada familia y cada persona aquí presente se sienta llamada a continuar su obra con gestos concretos: visitando enfermos, acompañando a los más solos, animando a los jóvenes, acogiendo a los más pobres y necesitados, promoviendo la justicia y la paz. El mismo Jesús nos recuerda que en el amor está la plenitud de la ley.
Terminemos pidiendo al Señor que, por intercesión de San Martín de Porres, nuestro corazón se llene de esa caridad que todo lo transforma. Que podamos decir, como él decía: “Yo te doy gracias, Señor, por haberme hecho instrumento de tu amor”. Que su ejemplo nos impulse a vivir con alegría, humildad y entrega generosa. Y que esta Parroquia siga siendo, en Ciudad Quesada, un faro de luz y de esperanza, donde todos puedan sentir el rostro cercano y compasivo de Cristo. Que así sea, amén. ¡San Martín de Porres! Ruega por nosotros.
