Sin oración no hay verdadera relación con Dios

Peregrinación vicarial. Camino al Año Santo Jubilar 2025. Año de la Oración.

Sábado 16 de noviembre de 2024, Vicaría Foránea San Carlos Borromeo, Catedral de Ciudad Quesada, 10:00 a.m.

Todavía como parte del Año de la Oración, camino al Jubileo de la Esperanza 2025, estamos concluyendo hoy los ciclos vicariales de preparación diocesana con la Vicaría Foránea San Carlos Borromeo, acá, en la iglesia madre de la diócesis, la Catedral de Ciudad Quesada, junto a todos ustedes, clérigos y laicos, que forman parte de este territorio vicarial de nuestra Iglesia Particular. Agradezco la presencia y participación de todos, deseamos y esperamos que esta mañana de oración sea de mucho fruto espiritual para todos, y de animación desde la esperanza cristiana en preparación al Año Santo próximo como tiempo de gracia y bendición que nos regala de manera muy especial la Iglesia.

Providencialmente, el evangelio de hoy nos ha hablado de la oración, especialmente de la característica de la insistencia y la perseverancia que debe tener en la vida del creyente. Así, con esas características fue como actuó la viuda del evangelio de san Lucas: insistió y perseveró hasta que el juez -indiferente e insensible- le respondiera e hiciera justicia. Esta mujer luchadora y perseverante no se dio por vencida ante la actitud displicente del juez; no fue presa del desánimo ni mucho menos del derrotismo.

La enseñanza es orar siempre y sin desfallecer, nos decía al inicio del texto el mismo san Lucas. Por ello, el creyente que confía en Dios y sabe que es un Padre amoroso y providente, ora siempre con confianza, insistencia y perseverancia. Hermanos, hemos de estar plenamente convencidos de que sin oración no hay verdadera relación con Dios; sin oración no hay santificación personal ni comunitaria; sin oración no hay fruto de fe ni de apostolado en nuestra vida cristiana.

Precisamente, la oración debe mostrar sus frutos en la vida y en el testimonio de fe, sobre todo en la caridad y en la solidaridad, como destaca el apóstol san Juan, en la primera lectura, con relación a su discípulo Gayo a quien escribe. Dice el apóstol que este discípulo actuó como “verdadero cristiano”, es decir, desde la fe y el amor, siendo solidario y sensible especialmente con migrantes y forasteros necesitados. El Papa Francisco suele decir que “la oración cambia la vida de las personas”, y ese cambio y transformación -en quien es orante de verdad- ha de notarse en su capacidad de amar y hacer siempre el bien.

Queridos hermanos, a la luz de la enseñanza de la palabra de Dios de hoy, pidamos para que, desde ya, el Año Santo Jubilar 2025, al cual nos preparamos, nuestra Iglesia, y cada uno de nosotros como miembros suyos, seamos y vivamos de verdad como Iglesia de comunión, oración y caridad, a fin de cumplir fielmente la misión evangelizadora y testimonial que nos corresponde a todos desde el bautismo, llamados a vivir efectivamente en la fe, la esperanza y el amor.

Para renovarnos como Iglesia, con motivo del Año Santo 2025, el Papa Francisco, en su Bula de convocación del mismo titulada “La esperanza no defrauda”, del pasado 9 de mayo, nos lanza grandes llamados para que este Jubileo traiga muchos frutos, por ejemplo, en la remisión de penas y deudas, en la ansiada paz mundial, en desarmar a un mundo que sufre de injusticia y pobreza, en la atención efectiva a los más vulnerables, en renovar el deseo de transmitir la vida, en reavivar la esperanza en medio de tanto pesimismo y frustración, en buscar el verdadero sentido de la vida, entre otros llamados también que nos animan a vivir un Año Santo Jubilar muy fecundo no solo para la Iglesia, sino para toda la humanidad también.

Hermanos, que la experiencia orante que estamos viviendo aquí esta mañana, la intercesión de San Carlos Borromeo, y sobre todo la celebración de esta Eucaristía, unida a la adoración eucarística posterior, nos dispongan a abrir desde ya nuestros corazones, para que el Año Santo 2025 sea fuente de abundantes gracias y bendiciones para todos nosotros, a fin de que seamos y vivamos como Iglesia de comunión, oración y caridad en la fe, la esperanza y el amor. Que el Señor nos ayude y que así sea, amén.

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