«Te he amado» (Ap 3,9), (Dilexi te), es la Exhortación Apostólica del Papa León XIV que nos habla sobre el amor a los pobres. Es un llamado vibrante a volver al corazón del Evangelio, al amor concreto hacia los pobres y olvidados de todos los tiempos.
Nos describe el pontífice que aquel Jesús que dice “a los pobres los tendrán siempre con ustedes” (Mt 26,11) expresa el mismo concepto cuando promete a sus discípulos “yo estaré siempre con ustedes” (Mt 28,20). De esta manera muy clara se nos recuerda entonces que Jesús permanece en medio de nosotros en el rostro de los necesitados. Así, Cristo continúa su encarnación, su cercanía y su llamada a la conversión del corazón.
Este documento ilumina una verdad que con frecuencia olvidamos: la pobreza no es sinónimo de maldición ni una simple circunstancia social, sino un lugar de revelación de Dios. Los pobres, lejos de ser un “problema”, son presencia viva del Señor que acompaña y cuestiona a su Iglesia. Así, el creyente que ignora al pobre también corre el peligro de ignorar a Cristo mismo.
En la mirada de León XIV resuena la de los grandes santos y pastores que supieron reconocer la voz de Dios en los márgenes donde la humanidad clama por dignidad. El Papa nos recuerda que servir a los pobres no es una tarea opcional ni una obra secundaria, sino el modo privilegiado de vivir la presencia constante del Señor en la historia.
El Papa no solo aborda el compromiso moral o espiritual que tenemos como humanidad, especialmente los cristianos, si realmente queremos imitar las acciones de Jesús, sino que advierte también de una realidad social que carcome a la humanidad.
“Es preciso seguir denunciando la ‘dictadura de una economía que mata’ y reconocer que mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera”, señala el Santo Padre en el numeral 92 de la exhortación.
El llamado del Papa es un soplo de Evangelio que nos llama a mirar el mundo con los ojos de Cristo. En tiempos donde la indiferencia, el materialismo y el relativismo desenfocan a la persona humana de lo realmente importante, somos llamados a tener ojos de misericordia y a actuar con esperanza.
Las palabras de León XIV invitan a despertar la conciencia, a no acostumbrarnos al dolor ajeno y a redescubrir la fuerza transformadora del amor que se hace servicio, tal cual lo testimonió el mismo Cristo.
Hoy la Iglesia está llamada a salir de sí misma, a ser presencia que acompaña, cura y construye fraternidad. El mensaje de Dilexi te no busca solo consolar, sino encender una responsabilidad nueva. Se nos exige volver a poner al ser humano en el centro, con su dignidad, sus heridas y su esperanza.
Que esta exhortación nos impulse a ser discípulos con los pies en la tierra y el corazón en Dios, testigos de una fe que se hace cercanía y que transforma la historia con gestos concretos.
Fermento 396. Martes 28 de octubre, 2025
