Tenemos una Madre que está a nuestro lado para ayudarnos y socorrernos siempre

Fiesta Patronal Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,

Jueves 27 de junio de 2024, Parroquia de Florencia, 6:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor y en la Santísima Virgen María:

Siempre he dicho, y lo reitero ahora acá entre ustedes, que la fiesta patronal de una comunidad parroquial es un verdadero momento de gracia y bendición, pues le permite renovarse y animarse en la fe, al mismo tiempo que retomar con nuevo ánimo la misión evangelizadora y apostólica que surge del bautismo. También, es una oportunidad providencial para acercarse a la figura, legado y ejemplo del patrono o patrona, a fin de conocer mejor su vida y testimonio de fe, sus virtudes y ejemplos para que nos animen igualmente a nosotros en el camino de nuestra vocación común a la santidad. Agradezco al P. Horacio la invitación para compartir con ustedes esta celebración un año más por gracia de Dios.

Ustedes como comunidad parroquial de Florencia tienen la dicha y el privilegio de tener por patrona a una de las advocaciones marianas más queridas y conocidas dentro del pueblo de Dios, como lo es Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Permítanme una referencia a la Palabra de Dios proclamada en esta liturgia, y luego una alusión histórica y al significado del sagrado icono de nuestra Madre del Perpetuo Socorro.

Como elemento común, en los textos escuchados, se nos presenta ante todo a la Santísima Virgen como Madre. El profeta Isaías anuncia que una virgen está encinta y que será madre como signo de fidelidad de Dios al pueblo de Israel. La Iglesia, haciendo una lectura mariana de este texto profético, sin duda lo ha atribuido a la Santísima Virgen María, y al mismo tiempo lo ha visto como un claro anuncio mesiánico del nacimiento de Jesús. El Mesías nacería y nació de una virgen madre por maravilloso prodigio de Dios.

Por su parte, San Pablo, en la segunda lectura de la carta a los gálatas, hablando del misterio de la redención, alude al nacimiento de Jesús diciendo que nació bajo la ley y que nació de mujer, evidentemente de una madre. El misterio de la encarnación del Hijo de Dios se dio gracias a la maternidad divina de María. Jesús nació, pues, de una mujer madre.

Finalmente, el breve, pero hermoso texto del evangelio de San Juan, nos narra el legado materno que nos deja Jesús instantes antes de morir en la cruz. En la persona del apóstol San Juan, nos deja a su Madre María como madre nuestra y madre de la Iglesia representada en el apóstol. Hoy hacemos nuestras sus palabras: “Hijo, he ahí a tu madre”. María es madre de Jesús y madre nuestra también. Y hablar de la madre es hablar de cuidado, protección, cercanía, ternura, solicitud y entrega generosa. Todo eso es María para nosotros como madre. Por ello, hoy damos especiales gracias a Dios por este don de María como madre.

El venerable icono-cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se trata de la imagen de una madre, de la Madre de Dios que tiene en brazos a su Hijo Jesús. El icono original está en el altar mayor de la iglesia de San Alfonso, en la vía Merulana de Roma. Esta imagen recuerda el cuidado de la Virgen por Jesús, desde su concepción hasta su muerte, y que hoy sigue protegiendo a sus hijos que acuden a ella.

Se dice que en el siglo XV un comerciante adinerado, probablemente de origen cretense, tenía la pintura del Perpetuo Socorro, aunque se desconoce cómo llegó a sus manos. Para proteger el cuadro de ser destruido, decidió llevarlo a Italia y en la travesía se desató una terrible tormenta. El comerciante tomó el cuadro en alto, pidió socorro y el mar se calmó. Estando ya en Roma, él tenía un amigo a quien le mostró el cuadro y le dijo que un día el mundo entero rendiría homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Después de un tiempo, el mercader enfermó y, antes de morir, le hizo prometer a su amigo que colocaría la pintura en alguna iglesia ilustre romana.

Después de muchas vicisitudes, la imagen fue colocada en la iglesia de San Mateo, que quedaba entre las Basílicas Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Finalmente, así se hizo y se obraron grandes milagros. Siglos después, Napoleón destruyó muchas iglesias, entre ellas la de San Mateo. Pero los Padres Redentoristas construyen la iglesia de San Alfonso sobre las ruinas de la iglesia de San Mateo y el Superior de los Redentoristas solicitó el icono al Beato Papa Pío IX, quien dispuso que el cuadro fuera devuelto a la iglesia de San Alfonso. Asimismo, encargó a los Redentoristas que hicieran que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera conocida y venerada.

El cuadro fue pintado en un estilo plano característico de iconos y tiene una calidad primitiva. Todas las letras son griegas. Las iniciales al lado de la corona de la Madre la identifican como la “Madre de Dios”. Las iniciales al lado del Niño significan “Jesucristo”. Las letras griegas en la aureola del Niño significan “El que es”, mientras las tres estrellas sobre la cabeza y los hombros de María Santísima indican su virginidad antes del parto, en el parto y después del parto.

Las letras más pequeñas identifican al ángel a la izquierda como “San Miguel Arcángel”; el arcángel sostiene la lanza y la caña con la esponja empapada de vinagre, instrumentos de la pasión de Cristo. El ángel a la derecha es identificado como “San Gabriel Arcángel”, sostiene la cruz y los clavos. Es de notar que los ángeles no tocan los instrumentos de la pasión con las manos, sino con el paño que los cubre. El fondo dorado es símbolo de la luz eterna, el traje de la Virgen es de color púrpura, signo de la divinidad a la que ella se ha unido excepcionalmente, mientras que el velo-manto es azul, indicación de su humanidad.

Los detalles del retrato son muchos, desde la identidad de cada uno de los personajes hasta la sandalia que cuelga del pie del Niño. El pequeño Jesús tiene en el rostro una expresión de temor y con las dos manitas aprieta la mano derecha de su Madre que mira ante sí con actitud recogida y pensativa, como si estuviera recordando en su corazón la dolorosa profecía que le hiciera Simeón de que una espada traspasaría su corazón. Esta bella imagen de la Virgen nos recuerda el centralismo salvífico de la pasión de Cristo, y al mismo tiempo la socorredora bondad de la Madre de Dios y nuestra.

Hermanos, socorro es sinónimo de ayuda, amparo, apoyo, protección, defensa, auxilio. Necesitamos todo ello de parte de Dios por intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Ella es nuestro socorro y ayuda siempre en medio de dolores, dificultades, pruebas, tentaciones del mal, problemas de salud o económicos. Vivimos en medio de un ambiente de violencia, conflicto, corrupción, irrespeto a la vida, pérdida de valores morales y familiares, crisis de la verdad, confusión y engaño, egoísmo e individualismo, en fin, en medio de tanto mal y dificultad que muchas veces somos presa del desánimo y del desaliento. Pero nosotros somos gente de fe que confiamos en Dios, que tenemos una Madre que está a nuestro lado para ayudarnos y socorrernos siempre; por eso es socorro siempre para nosotros. Bajo su amparo y protección ponemos todas estas situaciones que nos aquejan y preocupan. Que ella interceda por todos nosotros ante el Señor con su amor tierno, generoso y siempre fiel de madre.

¡Nuestra Señora del Perpetuo Socorro! Ruega por nosotros.