El testimonio siempre actual e impactante de caridad pastoral de San Carlos Borromeo nos inspira y nos desafía como cristianos, si queremos realmente cumplir fiel y generosamente la misión encomendada por Cristo.
Hoy la Diócesis de Ciudad Quesada celebra a su santo patrono, quien es ejemplo de humildad, generosidad, trabajo incansable, cercanía, preocupación por la formación sacerdotal y entrega notable en favor de su Iglesia.
Esta fecha es motivo de acción de gracias por la historia viva de una Iglesia que camina unida, guiada por el Evangelio y fortalecida por la fe de su pueblo. Al mirar a San Carlos, encontramos el ejemplo de un obispo que sirvió con celo apostólico, con humildad y con un amor ardiente a Cristo y a la Iglesia.
Como San Carlos, estamos llamados a vivir con autenticidad la misión de anunciar el Evangelio. Estamos convocados a formar comunidades vivas, cuidar la vida espiritual del pueblo, promover la unidad y trabajar con esperanza en medio de los desafíos de nuestro tiempo. De su ejemplo aprendemos que la santidad se forja en la fidelidad cotidiana, en la entrega paciente y en el servicio generoso a los más pequeños.
En este día de fiesta, recordamos con gratitud el camino recorrido como diócesis, agradecemos por los sacerdotes, consagrados, laicos y familias que han hecho de su fe un signo concreto de amor a Dios y de compromiso con los demás.
San Carlos nos enseña que una Iglesia viva no se mide solo por sus obras, sino por su capacidad de amar y de permanecer fiel al Evangelio, incluso cuando las circunstancias son difíciles. Su testimonio en apego a la verdad nos invita a mantenernos firmes, confiando siempre en la fuerza del Espíritu Santo.
San Carlos predicó y dio testimonio de las misericordias, de las maravillas y de las obras buenas de Dios. Él fue pastor bueno y misericordioso, si bien también sufrió incomprensiones y rechazos por su celo apostólico.
Nuestro santo patrono decía: “las almas se ganan con las rodillas”. No dejemos de orar en este tiempo y más que nunca. Volvamos a la oración, en lo escondido de nuestra habitación o visitando los templos. ¡Cuánto bien nos haría visitar las capillas de adoración que hay abiertas en nuestra diócesis! No cesemos en la oración confiada.
Hoy con más razón celebrar como Iglesia Particular a San Carlos Borromeo, nos compromete a renovarnos, a vivir la fe de manera viva y a imitar las excelsas virtudes de nuestro patrono.
Que esta celebración reavive en todos nosotros ese deseo de seguir construyendo una diócesis misionera, evangelizadora, de comunión y de servicio. Con San Carlos Borromeo como guía e intercesor, sigamos caminando como Iglesia que escucha, acompaña y evangeliza.
Que el Señor bendiga a nuestra diócesis y nos conceda la gracia de seguir el ejemplo de San Carlos con alegría y esperanza.
Fermento 397. Martes 4 de noviembre, 2025
