Un llamado a la conciencia

La Iglesia enseña que la vida humana debe ser respetada y protegida desde el momento mismo de la concepción. ¡Toda vida es un don sagrado de Dios y debe ser tratada de manera digna!

Bajo este marco es crucial abordar el hecho de personas que recurren a la tecnología de reproducción asistida en su anhelo de convertirse en padres. Sabemos que la infertilidad es una experiencia dolorosa y desgarradora, y muchas parejas acuden a estos métodos con la esperanza de formar una familia y experimentar la bendición de los hijos.

Debe quedar claro que la Iglesia reconoce y respeta los sentimientos de estas personas, quienes a menudo enfrentan dilemas éticos y emocionales difíciles en su camino hacia la paternidad. La Iglesia, aunque firme en su doctrina, está llamada a acompañar pastoralmente a estas parejas, ofreciéndoles apoyo, compasión y guía espiritual.

La Iglesia aboga por alternativas éticas y moralmente aceptables que respeten la vida desde su concepción natural, promoviendo métodos de tratamiento de la infertilidad que no impliquen la creación y destrucción potencial de embriones. En este sentido, la doctrina católica llama a una reflexión profunda y al respeto incondicional por la vida en todas sus etapas.

Lo que veíamos tan lejano hace unas décadas atrás, hoy es una realidad y nos enfrentamos a esta situación dados los avances de la técnica. Pero, no podemos renunciar a los valores morales, éticos y espirituales sobre el valor sagrado de la vida. Hablamos por ejemplo del congelamiento de embriones.

“La crioconservación es incompatible con el respeto debido a los embriones humanos: presupone su producción in vitro; los expone a graves riesgos de muerte o de daño a su integridad física, en cuanto un alto porcentaje no sobrevive al procedimiento de congelación y descongelación; los priva al menos temporalmente de la acogida y gestación materna; los pone en una situación susceptible de ulteriores ofensas y manipulaciones”, nos decía en 2008 la Instrucción Dignitas personae, sobre algunas cuestiones de bioética, en su numeral 18.

Vemos cada vez más frecuentemente cómo se dan disputas legales y por qué no decir mediáticas también, por la defensa y destino de embriones que han sido congelados, dejando en claro la incertidumbre que se cierne al pretender manipular la vida.

Ya lo decía también la Instrucción Donum vitae, desde 1987: “Utilizar el embrión humano o el feto, como objeto o instrumento de experimentación, es un delito contra su dignidad de ser humano, que tiene derecho al mismo respeto debido al niño ya nacido y a toda persona humana”.

“La praxis de mantener en vida embriones humanos, in vivo o in vitro, para fines experimentales o comerciales, es completamente contraria a la dignidad humana”, continúa Donum vitae.

Hoy más que nunca debemos proclamar el respeto y la dignidad de toda persona humana. Hoy más que nunca se nos llama a ser coherentes con lo que creemos. Nos corresponde a los católicos y personas de buena voluntad promover una auténtica cultura de la vida, pues no podemos ni debemos “jugar” con ella por su carácter sagrado, en cuanto que ella proviene exclusivamente de Dios.

Fermento 327. Martes 2 de julio, 2024