Vida, dignidad y esperanza hasta el final, I Parte

La Academia Pontificia para la Vida publicó una guía para ayudar a los fieles a debatir las “implicaciones éticas, religiosas y morales” en torno a la eutanasia, el suicidio asistido y otros temas relacionados con el final de la vida.

El documento se describe como un “Pequeño léxico sobre el final de la vida” y viene a presentarse como un recurso apegado al Magisterio de la Iglesia, en medio de una sociedad en la cual se pretende acabar con la vida, recurriendo a leyes que “den permiso” a practicar la eutanasia o el suicidio asistido.

“Por eutanasia en sentido verdadero y propio se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor”, nos decía San Juan Pablo II en Evangelium vitae, n. 65.

Aunque el suicidio asistido posee el mismo objetivo de causar intencionalmente la muerte, éste se diferencia de la eutanasia en que la muerte es provocada por la misma persona asistida por un profesional médico.

La Iglesia no es indiferente al dolor, como tampoco lo fue Jesús, según se refleja en el versículo más corto de la Biblia que dice “Y Jesús lloró” (Juan 11, 35), ante el drama que se vivía por la muerte de su amigo Lázaro. Jesús mismo es llamado por el profeta, Varón de dolores (Is 53,3-9), es decir, que sobrellevó, en su propia carne, el sufrimiento físico, moral y espiritual en el momento de su Pasión.

El problema es que nos enfrentamos a un gran sector de la sociedad actual que quiere negar el sufrimiento como si esto no fuera inherente a la condición de su humanidad, como si extirpar el dolor, a cualquier costo y, de cualquier manera, fuera un acto noble, aunque provoque la muerte de alguien.

La Iglesia no ha cambiado su postura en cuanto a la eutanasia, y los argumentos que se extraen de la publicación de esta guía iluminan algunos conceptos que precisamente se relativizan en medio de la cultura del descarte que presenciamos.

“Hay que defender el derecho a la vida, y en particular la vida de las personas débiles, para contrarrestar esa ‘cultura del descarte’ que se esconde tras la pretensión de autosuficiencia y autonomía de las mujeres y hombres de hoy”, decía Monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida al medio Vatican news.

Se debe distinguir entre eutanasia y “obstinación irracional” o el mal llamado “encarnizamiento terapéutico” que no responde adecuadamente a lo que es la práctica médica.

Cuando se habla de “obstinación irracional” se señala la persistencia en un tratamiento que ya no es razonable o útil para el bienestar del paciente. Esto implica que seguir adelante con ciertos tratamientos, cuando no hay beneficios reales para la persona humana, es irracional.

En otras palabras, es moralmente legítimo el derecho de una persona a no ser sometida a medios inútiles o desproporcionados para alargar su vida (“encarnizamiento médico”), cuando ésta, naturalmente, está dirigida a finalizar, pero no lo es cuando, intencionalmente, se quiere provocar la muerte de una persona mediante la aplicación de medicamentos o quitando el soporte médico de una vida que todavía es sostenible (eutanasia y suicidio asistido). Por eso, es necesario un adecuado discernimiento de cada caso específico.

Atención que esto es completamente concordante con el Magisterio de la Iglesia que desde 1980 nos decía en la Declaración “Iura et Bona” sobre la Eutanasia: “Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares. Por esto, el médico no tiene motivo de angustia, como si no hubiera prestado asistencia a una persona en peligro”.

Continuaremos la otra semana con este tema de gran trascendencia y actualidad, en medio de los constantes ataques que sufre la persona humana en contra de la vida.

Fermento 342. Martes 15 de octubre, 2024

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