Continuamos esta semana hablando sobre la defensa de la vida hasta su muerte natural, a la luz de la guía que publicó la Academia Pontificia para la Vida con el fin de ayudar a los fieles a debatir las “implicaciones éticas, religiosas y morales” en torno a la eutanasia, el suicidio asistido y otros temas relacionados con el final de la vida.
Nuestra sociedad secularizada ha encontrado en la eutanasia y el suicidio asistido un camino para darle sentido al dolor. Sin embargo, es poco realista pensar en que la solución para extinguir el dolor es provocar intencionalmente la muerte de los otros. Al contrario, esto provoca mayor dolor, especialmente, en las personas que sufren la pérdida del ser querido. El sentido del dolor debe buscarse en algo que va más allá de lo puramente humano.
Al respecto, la Carta Samaritanus bonus de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida, del año 2020, nos decía: “El sufrimiento, lejos de ser eliminado del horizonte existencial de la persona, continúa generando una inagotable pregunta por el sentido de la vida. La solución a esta dramática cuestión no podrá jamás ofrecerse solo a la luz del pensamiento humano, porque en el sufrimiento está contenida la grandeza de un misterio específico que solo la Revelación de Dios nos puede desvelar”.
Asimismo, San Juan Pablo II, en Salvifici doloris 18 y 19, afirma: “Sólo en el misterio de la redención obrada por Jesús, en su sufrimiento, se revela el verdadero sentido del dolor humano: el dolor, vivido en Cristo, se convierte en obra de redención, porque, unido al amor de Dios en la Cruz, pueden brotar de él, ríos de agua viva”.
Además, la dignidad conferida por ser creados a imagen y semejanza de Dios no se pierde por alguna condición específica de deterioro por causa de la enfermedad. Para la Iglesia, respetar, defender y cuidar la vida humana “no se trata de un criterio subjetivo o arbitrario; se trata de un criterio fundado en la inviolable dignidad natural –en cuanto que la vida es el primer bien porque es condición del disfrute de todos los demás bienes– y en la vocación trascendente de todo ser humano”, continuaba la Declaración Samaritanus bonus.
En ese sentido, san Mateo 16, 26 nos revela: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?”. Para nosotros, lo más importante es alcanzar la salvación, la vida eterna que nos ha dado nuestro Señor Jesucristo. No nos dejemos engañar por la mentalidad materialista del momento, que nos quita el sentido trascendente de la vida y del dolor humano.
El llamado debe ser fuertemente dirigido a nuestra conciencia, para saber entender los designios de Dios, aún en medio de situaciones dolorosas. Asociemos a la pasión de Cristo nuestros sufrimientos, allí encontramos la salvación.
El llamado también lo dirijo a quienes trabajan con la medicina, en cualquier posición que les corresponda, como médicos o enfermeros, para que pongan sus conocimientos y dones a cuidar y tratar de curar a sus pacientes. A oponerse a cualquier intento o solicitud de practicar la eutanasia o el suicidio asistido y también a que no permitan que el “juramento hipocrático” que un día pronunciaron, se politice en detrimento de su profesión y de las personas que están a su cargo.
El Señor sabrá recompensar todos los esfuerzos que desde la ciencia y desde su vocación puedan emplear en favor de sus pacientes, y quienes también ponen la esperanza en sus cuidados que reciben de parte de ustedes.
Por supuesto que otro llamado fundamental lo dirijo a los responsables de hacer leyes y/o ejecutarlas, para que piensen en la vida de la persona humana como el derecho primero y más sagrado de defender. Para que procuren leyes en beneficio de la dignidad humana. Para que promuevan leyes que permitan mejores condiciones para el tratamiento de las personas enfermas.
Finalmente, el llamado a los católicos para que seamos coherentes con lo que creemos y en quien creemos: en el Dios de la vida que nos ofrece la salvación, por medio del camino de la cruz, con la esperanza firme en su amor y misericordia. ¡Defendamos la vida desde la concepción hasta su muerte natural! La vida es sagrada e inviolable.
Fermento 343. Martes 22 de octubre, 2024
